Primera gran raíz del árbol discográfico de Los
Sabandeños. Obra de Elfidio Alonso y Julio Fajardo, en ella ya se anunciaba la vena
social del grupo. Responde a un proyecto apasionado de recuperación del folklore de todas
las islas, e inaugura una tradición adictiva en Los Sabandeños: sacar un disco al año
por Navidades que el público agradezca como quien espera las doce campanadas de la misa
del gallo. La Misa fue un desafío temprano para un grupo que aún era virgen pero tenía
grandes ambiciones.
Hacer una misa folklórica era hacer justicia a La Laguna , lugar del parto sabandeño,
cuyo Cristo carismático impone carácter dentro y fuera de la Semana Santa. Logra ser un
fiel exponente en el Kyrie afloraban sirinoques y aires de lima: en el Gloria, isas,
folias, seguidillas, tajaraste y tango herreño. Todas las partes recreaban aires
distintos: en el Credo, el Sanctus y el Agnus se pasaba del sorondongo al baile del
tambor, de la folía al canto del güeyero, del arrorró a las malagueñas y cuantas
combinaciones se les pasaron por la cabeza. Una cara del disco estaba dedicada a la misa:
la otra era un compendio de temas de sintonía religiosa. Las tinerfeñas al Cristo de La
Laguna resultaron polémicas por su denominación, al tratarse de malagueñas: en el resto
del archipiélago se quejaron de que Tenerife las acunara con su gentilicio exclusivo y,
entonces, Los Sabandeños les devolvieron el nombre original para tener la fiesta en paz.
La odisea de la misa, la produjeron por su cuenta, con una ayuda del Ayuntamiento de La
Laguna. Alquilaron los equipos de grabación y se metieron entre pecho y espalda un disco
de esta envergadura en el Teatro Guimerá: se habían inspirado en la misa criolla de
Ariel Ramírez interpretada por Los Fronterizos. Y fue un bombazo. De pronto, se vieron
oficiando misa en templos abarrotados no solo de creyentes: hasta el pintor Manolo
Millares, autor de la portada del disco, fue a misa por primera vez con ese motivo.
Traspasó las fronteras al ser televisada para todo el país desde la Basílica de la
Candelaria, en Tenerife, en la primera transmisión vía satélite que se hacía desde el
archipiélago.