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Muchacha alemana - Guapi - Registraduría - 1963
Grethel, (Nombre ficticio) la muchacha alemana que pudo cambiar el rumbo de mi vida.
Unos días después de nuestra llegada a Guapi conocí a Grethel, una linda muchacha hija de inmigrantes alemanes. Pasaba todos los días frente a la Registraduría, hasta que una vez se atrevió a entrar a saludarnos. Era la maestra de la escuela situada cerca de la oficina. Pronto se convirtió en una fiel visitante, al punto que cuando no pasaba la extrañábamos. Supongo que debió hacer un gran esfuerzo para llegar a la oficina a presentarse ante dos desconocidos, porque ella era un poco tímida. Con quien más charlaba era con Peña, a veces yo intervenía para no pasar por antipático y su rostro se iluminaba con cualquier tontería que yo dijera, era evidente el interés que mostraba por mí, Peña y yo sabíamos el propósito de sus visitas, por eso, una vez me dijo, -Tenga cuidado compañero, porque Grethel le puede hacer tambalear su matrimonio, mujeres como ella no se encuentran fácilmente, es linda, joven y educada-. Me advirtió Peña. -Por qué cree usted que no le he hecho ni la más mínima insinuación y me he mantenido al margen de todo? No la quiero ilusionar-. Le respondí. Hacía escasas dos semanas que habíamos llegado, y ella estaba entusiasmada. Un día llegó diciendo que sus padres nos enviaban una invitación a conocerlos y a un almuerzo con la familia, aceptamos de buen grado. Siempre hablaba en plural, no quería hacer evidente su interés por mí.
En una tarde linda y soleada tomamos una canoa y nos
fuimos río arriba, hacia la mansión del maderero. Nos recibieron con una copa de vino. Su padre era, en ese entonces un rico maderero venido de Alemania en 1940, cuando la guerra comenzaba, Grethel había nacido en 1943, no se si allí mismo en Guapi o en otra ciudad. El alemán hablaba con acento, no así su hija que hablaba un perfecto español. Fuimos atendidos a cuerpo de rey, pero eso fue mucho antes de que ella conociera mi estado civil, gracias a su amiga, la empleada de la estación de correos que le informó sobre unas cartas dirigidas a mí, cuya remitente era una señora, “de Tobar”. También recibía cartas de mamá, por lo tanto dedujeron que una de ellas podía ser mi esposa. -Pregúntale. -No, yo no tengo derecho, si apenas nos hemos conocido. Además va a pensar que hemos estado viendo sus cartas. -Bueno, Grethel, entonces sufre y llora. Pero lo que te puedo decir es que una de las cartas está escrita con caligrafía inglesa, es la de la madre y la otra está escrita en Palmer, esa es la de la esposa. -De verdad, lo crees así?. -Sí! Es lo más seguro, él también escribe con caligrafía inglesa muy parecida a la letra de la madre. Ella debe haberle enseñado. Porque hoy en los colegios lo que se enseña es la caligrafía Palmer. Tenía razón, mi madre tenía una letra bellísima, ella me enseñó a escribir con la caligrafía inglesa. -No se que hacer. -Abrimos una? -Nó, por favor, ni lo pienses, la correspondencia es sagrada. Me muero de vergüenza, no podría verlo a la cara si hiciera eso. Me había casado hacía tres meses nada más, y eso constituía una barrera para que tomase alguna acción respecto a Grethel. Si hubiera llegado a Guapi unos meses antes es probable que mi futuro hubiera estado ligado a esa linda muchacha, porque, sinceramente llamaba la atención, tenía lo que se llama don de gentes, sus ojos de mirada inteligente traslucían un alma blanca y franca. Grethel nunca imaginó que yo, siendo tan joven, estuviera casado, debió causarle una conmoción interna, una gran decepción. Estoy seguro que había soñado proyectos futuros conmigo. Lamenté habernos conocido en circunstancias tan adversas para ella, nunca tuve la más mínima intención de hacerle daño. Cómo iba a hacerle daño a una mujer cuyo foco de su ilusión era yo. La admiro porque era una mujer de principios, nunca hizo nada para quitarle su lugar a mi esposa, al contrario, se envolvió en su concha de donde nunca más salió para mí, como una perla que me negara el placer de contemplar su brillo y hermosura. De vez en cuando la veía pasar, pero era como si yo no existiera, no niego que su indiferencia me doliera y como amiga la extrañaba. Pero, si bien, yo desde el principio puse una barrera, ella cuando supo de mi situación también puso la barrera de la indiferencia total. A pesar de ser alemana no era muy alta, como suelen ser los germanos, no creo que tuviera más de veinte años de edad. Ella nunca me preguntó sobre mi estado civil, en realidad no habíamos llegado a conocernos como para profundizar en temas más personales, por lo tanto su indiferencia no estaba ligada a ningún pensamiento negativo hacia mí, porque nunca alimenté esperanzas de ninguna clase, por eso ella consideró que era mejor darle largas al asunto, que yo no era para ella, y no pensar más en lo que no podía ser. Ni ese tiempo ni ese espacio se habían hecho para nosotros. Si la amistad hubiera continuado, entre los dos estaría merodeando el gusano de la tentación, cada segundo, y yo no deseaba alimentar esperanzas. Hoy, las parejas se separan con una facilidad asombrosa, que indica lo frágiles que son los lazos amorosos y con la misma facilidad se unen a otras personas, sin importar su estatus ni nada, es como si se vendieran al mejor postor, a lo que más las haga felices en su momento, sin importar mucho los conceptos éticos y morales, ni los intereses creados. Las cosas en ese tiempo eran muy diferentes, se reflexionaba más y se sopesaba con más detenimiento cualquier resolución que se tomara. Esta, en la que el destino nos había colocado era totalmente extemporánea. El Colegio la Providencia de Guapi. Regentado por las Hermanas de la Orden de la Providencia, cuya matriz está en Bélgica. Llegaron en los años de 1915 y su labor fue tan profunda y de tanto contenido social, que el mayor nivel académico y pedagógico de la Costa Pacífica es el de Guapi. De allí salieron varias generaciones de estudiantes muy bien preparados y con una gran formación en valores, Grethel fue una de esas alumnas. Por su parte, Grethel, seguramente debió mantener largas conversaciones con la hermana superiora, quien pudo haber sido su consejera espiritual, y la monja debió decirle, que ese hombre era intocable, dados los valores éticos y morales con que había sido educada y que no sería ella la que fuera a destruir un hogar acabado de establecer, porque quien pretende construir su felicidad a costa de la infelicidad de otra, nunca podría ser feliz. Quisiera saber de Grethel, a pesar de los años trascurridos, saber qué ha sido de ella, después de 1963. En una ocasión, antes de viajar a la costa del Pacífico, acompañé a un amigo a que le leyeran las cartas. Yo he sido muy descreído de estas cosas, pero mi amigo insistió en que yo también debía hacerlo, finalmente accedí. El clarividente me dijo, entre otras cosas, -Usted se precipitó al casarse, pero a pesar de todo el matrimonio se sostiene. Unos días después un barco, el San Francisco de Guapi, me dejaba precisamente en esa población que hubiera podido cambiar mi futuro de manera radical. Es probable que, así como yo, ella haya querido saber que rumbo tomó mi vida después de abandonar Guapi. Y, es que, yo creo que nunca hemos dejado de pensar en nosotros, porque pudimos cambiar el futuro, pero nuestros principios no lo permitieron. Hoy, la recuerdo y trato de formarme un retrato actual de su figura, ella constituye para mí una incógnita, y aliento la esperanza, como en el proyecto SETI, de establecer contacto, un día, quizás.. un día.. (Extracto del libro de Rafael Tobar, en publicación, "Cuando Florezcan los Eucaliptos"). En referencia a este artículo escribe a,
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