UN DRAMA DE LA COLONIA

Por Oscar Tobar Gómez

 

“ENTRE NIETOS DE CONQUISTADORES”

“ Versión tomada de la obra POPAYÁN A TRAVÉS DEL ARTE Y DE LA HISTORIA de José María Arboleda Llorente”

 

Corría el mes de octubre del año 1.591, era a la sazón Gobernador de Popayán el Licenciado Cipriano de La Cueva de Montesdoca, nombrado interinamente por el presidente del Nuevo Reino de Granada Don Antonio Gonzáles para reemplazar a Diego Ordóñez de Lara. El adelantado Sebastián de Belalcázar había muerto en Cartagena de Indias hacia ya cuarenta años (30 de abril de 1.551)  y habían pasado cincuenta de la muerte del valeroso capitán Francisco García de Tobar, luchando contra los agresivos indios Paeces (1.541 ).

 

Cuando ocurrió en Popayán un gravísimo hecho en los precisos días en que el gobernador se encontraba despachando un asunto urgente en San Luis de Almaguer al sur de su Gobernación, así pues solo vino a enterarse al mes siguiente de lo que aquí era motivo de conmoción, avocando en su calidad de Justicia Mayor, el conocimiento de la causa criminal contra el capitán Lorenzo de Paz Maldonado, quien dio muerte en su casa de habitación a su mujer Doña Catalina de Belalcazar, nieta del adelantado e hija de Don Francisco de Belalcazar y a Francisco García de Tobar, nieto del afamado Capitán García de Tobar, quien había muerto combatiendo al lado de Belalcazar en el Peñón de Talaga, en lucha contra los indios rebeldes.

 

Este proceso que produjo en la ciudad una honda exaltación, por ser el protagonista persona de altas ejecutorias, y los muertos miembros distinguidos de la sociedad, altero radicalmente la tradicional vida de los payaneses durante varios meses y fue motivo de chismes, intrigas y consejas.

 

El Capitán Lorenzo de Paz Maldonado procedía de Salamanca en los Reinos de España, de limpio linaje y ascendientes nobles, hacia unos 16 años que había venido a Popayán, después de haber concurrido con su persona y bienes al descubrimiento y población de la ciudad de Toro en la Gobernación del Choco. Era hombre muy principal, caballero hijodalgo notorio y reputado por meritorio, lo que se confirma por el cargo de Teniente de la Nueva Segovia de Caloto que desempeñó y en particular por el hecho de tener encomiendas de indios, toda vez que estas no se daban sino a quienes las habían merecido por sus servicios propios y de sus antepasados prestados al rey. Servicios que para el caso debían ser calificados previamente por el gobernador, cuando al vacar una encomienda convocaba a los beneméritos para que hiciesen oposición a ella, a fin de adjudicarla al que probase haber servido mejor al  rey y al pro común.

 

La Familia Belalcazar, a que pertenecía Doña. Catalina, huelga decir que gozaba de gran influencia y distinción, ya que tenia su origen en el conquistador de estas tierras y estaba emparentada con la nobleza peninsular.

 

Francisco García de Tobar  procedía de Don Fernando García de Tobar del Campo y  María Puñána muerta a la sazón, y nada menos pues que nieto legitimo de uno de los primeros descubridores y conquistadores de nuestras tierras, de aquel famoso capitán de su mismo nombre  que vino entre otros muchos, con el adelantado Belalcazar  y su hijo Don. Francisco, padre de Doña Catalina y mereció que cuando aquel salía a explorar y someter las regiones de oriente a mediados de 1.538, lo nombrase para Teniente de Gobernador de Popayán, segundo en este cargo.

 

Según los autos en la casa de los Belalcazar había nacido y se había criado  con Doña Catalina, Francisco García de Tobar y no es desacertado concluir que dadas las costumbres de aquel tiempo, que no permitían a la mujer comunicación con varón alguno, se aficionara Doña Catalina del único extraño con quien tratara en la intimidad de la vida familiar y que después unida a Don Lorenzo por ajenas consideraciones, a pesar de la educación cristiana con que pudo en los primeros años dominar el ardor de su temperamento, al fin y al cabo cediera a su primera pasión, por la imprudencia de seguir recibiendo y tratando, con la misma y aún mayor intimidad que cuando niña a Francisco de Tobar.

 

Pero el ser Don Lorenzo de más meritos que García de Tobar, debió decidir en su favor la elección de marido para Doña Catalina. Tobar carecía de meritos propios, era muy mozo, mientras que  aquel había prestado ya señalados servicios al rey y poseía bienes propios siendo dueño de encomiendas e indios.

 

Sea  de esto lo que fuere, lo cierto es que en 1.591 contaban ellos, poco más o menos, quince años de casados, y que unos seis años antes del trágico suceso empezaron los celos a dominar al capitán, acaso por lo que comprendía de su mujer, pues contestando a las preguntas que el mismo propuso al abrirse la prueba del juicio, algunos testigos aluden a actos suyos reveladores de su estado de animo, como haber reñido por esta causa en la calle con Domingo Combeida y otros entre los cuales esta el  Regidor Francisco Cepero, declaran haber visto entonces varias veces a Doña Catalina aceptar en su casa con demasiada confianza a García de Tobar, hasta el extremo de permitirle en ausencia de Don Lorenzo, entrar y sentarse junto a ella, y en cierta ocasión si ningún decoro en el estrado donde ella solía descansar o entregarse a sus ocupaciones domesticas, y llevárselo alguna vez en su sola compañía camino de Ambaló, donde demoraban colindantes las encomiendas del padre del mozo Don Fernando de Tobar y la del esposo de Catalina, Don Lorenzo. Y afirman que ella había dado también asidero a censuras y malos juicios por sus relaciones con caballeros cuyos nombres constan en el proceso, y de los cuales uno es Don García del Espinar, hijo de don Sancho García del Espinar el hombre de los devaneos y aventuras amorosas, que fuera Gobernador de Popayán y que había sido destituido en 1.583 por su injusta y escandalosa persecución contra el santo Obispo Fray Agustín de la Coruña.

 

Otro sujeto se mezcla en estos líos. Pedro de Caicedo Hijo del Capitán Francisco de Caicedo, quien cínicamente se jactaba de amores con Doña Catalina.

 

Lo curioso es que  el diablo tapa y destapa. Estas cosas empiezan en secreto, guardado mutuamente y no tardan en salir al publico. Los mismos interesados se delatan porque a guisa del mentiroso y el ladrón, caen a la postre por inconsecuencia y desatino cuando superabundando el corazón, hablan los labios.

 

También El joven García de Tobar, quien por sus relaciones de antigua amistad y convivencia intima y familiar con los Belalcazar, estaba obligado a mayor reserva, hallose un día en la esquina de su casa con el declarante Hernando de Aguilar, y “habiéndose puesto a conversar sobre mocedades y casos de amores, le dijo palabras por las cuales dio a entender que trataba con la dicha Doña Catalina alabándose de ello”. A lo que el testigo repuso.  “Mejor fuera  dejarse de ello, porque Lorenzo de Paz es hombre principal y no resulta de esto mucho bien, sino mucho mal.” Y salió luego de la dicha su casa Don Fernando de Tobar, padre del mozo, vestido de luto y ceso la platica.

 

No obstante lo dicho y el decirse que, ausente el Capitán Paz Maldonado salía Doña Catalina de su casa disfrazada de india, según ciertas consejas, los testigos que están en su favor hablan muy bien de su virtud y afirman que él era en extremo celoso y bárbaro con ella, cuya muerte deseaba. El verdugo de los celos atormentaba su alma y dejándose arrebatar  por ellos, quizás no supo guardar el corazón de quien, casada por elección paterna, hubiera podido ser fuente pura de cristiana felicidad. Ni ella se mantenía en los limites de la prudencia, que en la mujer es lo que a la rosa las espinas, y sin la cual degenera la virtud. Ni el guiaba el amor que le tenia por causes de ternura victima de las recias costumbres de su tiempo, quiso imponerse como un conquistador en tanto que ella no hecha a tales vicisitudes y también de raza de conquistadores, cedió al fin a la exuberancia atávica de su sangre y su religiosidad adquirida para practicarla en un ambiente sereno, encalló. De ahí la tragedia.

 

Lo dicho hasta aquí paso en Popayán. Más no solo en esta tuvo lugar el drama que se desarrolló en el curso de los cinco o seis años anteriores a 1.591.

 

Cuentase al capitán entre los fundadores de La nueva Segovia de Caloto, población que hubo de ser trasladada de sitio a sitio hasta quedar donde esta con el nombre de Caloto, y que empezo en 1.579 a orillas del Ullucos por disposición del Gobernador García del Espinar, después de haber pacificado este a los paeces en unión de celebres capitanes como, Lorenzo de  Paz Maldonado, Sebastián de Belalcazar, Andrés del Campo Salazar, Fernando García de Tobar, Francisco Caicedo, Diego de Alvarado y el que fue en ella primer Teniente de Gobernador, Hernando Arias de Saavedra, bajo cuya tenencia dicha población se mudo en el mismo año a la mesa del Páez o de San Juan del Huila y dos años después al otro flanco de la cordillera para ser llevado al valle de Quinayó, entre los Toribios en 1.585, año en que destituido Arias Saavedra y nombrado Paz Maldonado para sucederle, comienza al parecer el mortificante drama familiar que nos ocupa.

 

Con anterioridad a este año, había sido enviado el Capitán Paz Maldonado en unión del Capitán Andrés del Campo y Salazar, contra los Paeces y Pijaos que infestaba la comarca y ahora por su nuevo oficio se veía precisado a trasladarse con frecuencia a la Nueva Segovia de Caloto que ya se apellidaba así. Más como también a él le pareció conveniente  mudar de sitio la población, en 1.588 decreto su traslado a la margen norte del río Palo, acaso por la actitud amenazante de los Toribios. Y allí en el valle de Quinayó pasaba temporadas siendo acompañado algunas veces por Doña Catalina según se desprende de los autos. Además poseía el capitán encomiendas en la región minera de Gelima y en Usenda, y estancias en Ambaló donde también las tenían los García de Tobar, escenario de pasos dramáticos en esta historia y de la cual Catalina acababa de regresar a Popayán, el día de la tragedia.

 

Escenas se cuentan de los dos esposos durante este periodo que dan a conocer al capitán en su vida intima y en las torturas en que lo traía la sospecha, al par que completan la figura moral de Doña Catalina , quien a todas las gracias seductoras de su sexo, debió unir la energía y audacia de su raza y estirpe.

 

Desde que el capitán fue nombrado para Teniente de Gobernador en la Nueva Segovia de Caloto, iba con frecuencia a ella a veces en compañía de Doña Catalina como se ha dicho.

Cuatro años antes del trágico suceso, estando allá, volvían un día domingo de misa a la casa del Capitán Cristóbal de Quintero donde se habían alojado, acompañados de varios vecinos del pueblo, y parece que Doña Catalina le celaba con una mestiza que estaba en casa del Padre Abreu, cura del pueblo, que era amiga del capitán. Y disgustado este de la impertinencia ,entraron en la casa , despidiéndose a la puerta de sus acompañantes, y al fin tomo una riendas y la azoto hasta cubrirle el rostro y el cuerpo de cardenales.

 

Don Lorenzo cita a su vez a testigos para probar que los que dieron estas declaraciones, así como otras apasionadas, le querían perjudicar. Pero el hecho en sí de los azotes, no lo niega, es de suponerse que su estado de animo motivara tales actuaciones, dada la exasperación que comenzaba a mortificar su espíritu, pues la sospecha ya lo había hecho venir de sus estancias a Popayán, a altas horas de la noche, llegar a su casa, saltar las tapias y ponerse en atisba de lo que pasaba en ella, para regresar a la alborada, sin que lo sintieran los suyos.

 

Que este era ya su estado de animo habitual, se hecha de ver en la interpretación que dieron a lo que otro día sucedió en la misma Segovia, con ocasión de haber salido él a “prima noche” a debelar una sublevación de indios en los alrededores  de dicha ciudad, dicen los mismos declarantes, que fingiendo un fuerte dolor de estomago, dejo el mando de la gente a Diego de Medina y regreso a rondar por los corrales de la casa  donde quedara su mujer, porque un muchacho le había insinuado algo con el regidor Miguel de Sarriá, y aún se le atribuyo el propósito de matarlos a los dos para juntar los cadáveres y decir que juntos los había hallado, cosa que aseguran no pudo realizar, por haber estado Doña Catalina al entrar en su casa acompañada con una vecina suya, de nombre María de Ochoa mujer del Alcalde Ordinario Ambrosio de Miranda, a la cual ella mando llamar a la salida del capitán, informada de que este al irse, regresaría con siniestras intenciones.

 

Interrogado al respecto Medina, confirma el regreso de su capitán, pero añade que le hallo enfermo al día siguiente.

 

En todo caso, los riesgos que en ese tiempo ofrecían los caminos, no solo por las fuertes lluvias y malos pasos, sino por merodear en ellos los indios rebeldes, los arrostraba a veces Doña. Catalina sin Don Lorenzo como resulta de los autos, al fin de raza de conquistadores.

 

Testigos hay que afirman haber acompañado a Don Lorenzo en sus entradas contra los indios, pues antes de haber pasado la villa a la margen norte del río Palo se sublevaron los indios Paeces y Toribios,  cayeron sobre el poblado en el valle de Quinayó, mataron al Padre Abreu y muchos blancos, incendiaron las casas, la Iglesia, y derribaron de la torre la gran campana que los llamaba a la doctrina, poco después Paz Maldonado decreto el traslado de la villa a su actual ubicación.

 

La campana fue recuperada posteriormente por el capitán Fernando de Tobar en lucha contra los Paeces y Toribios.

 

Los mismos testigos afirman que mientras el capitán se quedaba en Caloto en sus funciones militares, la primera vez con el Gobernador Tuesta y Salazar en la jornada contra el Cacique Oconaza y la segunda se alistaba para ir son sus soldados “tierra adentro” al castigo de los naturales, cuando el alzamiento de Quinayó, Doña Catalina se venia a Ambaló y Popayán acompañada de Don Fernando de Tobar y Juan de Añasco (este último hijo del famoso conquistador Pedro de Añasco), y el minero Juan Fernández.

 

Este fue su último viaje a la Nueva Segovia. Desde entonces el escenario del drama se circunscribe a Ambaló y Popayán.

 

Ambaló era la estancia favorita de los  dos esposos. Allí trascurrieron para ellos, en los primeros años, días felices, pero al final, por la sospecha de los celos, hondas inquietudes y dolor.

Una de las testigos, Barbola, india de Guambía, del servicio de Doña Catalina, muy adicta a su ama e inseparable de ella declara. “ Podrá haber un año, (1.590)  poco más o menos tiempo. Que estando en el pueblo y estancia de Ambaló Don Lorenzo y Doña Catalina, un día por la mañana antes de comer, el riño con ella, y le dio muchas coces y la dejo maltratada y desmayada, sin habla y esta testigo y otra india llamada Andrea, metieron a la Doña catalina adentro de la casa y la echaron en una cama, y luego Don Lorenzo a esta testigo y al india Andrea las llevo a un arcabuco ( lugar fragoso y lleno de maleza), donde las desnudo en cueros y atadas las manos con unas cabuyas, las colgó de las manos en unos palos, las azoto e puestas de esta manera prometió a esta testigo, que le daría oro, yeguas e vacas y que le dijera con quien andaba su mujer. Y esta testigo dijo que no sabia cosa alguna y Don Lorenzo dijo, “ Decídmelo si no os tengo de matar”, y ella replico que no sabia nada, que la podía matar, y a esto Don Lorenzo la azoto con unas  riendas y después le dio muchas coces y golpes y la dejo maltratada, y la dicha Andrea  después que Don Lorenzo fue de allí gritaba en el arcabuco como loca desviada y esta testigo no sabe  más de ella y se volvió a la casa donde estaba Doña Catalina, para que Don Lorenzo no volviese a darle más”.

 

Sin embargo así como hay testigos que abonan la virtud  y acucia casera de Doña Catalina, los hay también que garantizan las cualidades de perfecto cristiano y caballero de Don Lorenzo, de quien se dice que por el porte, maneras y modo de vivir no desmentía su noble origen.

  

LA TRAGEDIA

  Esta ilustre ciudad cuyos primeros edificios hizo alzar Belalcázar en el segundo trimestre de 1.537 ya había principiado a florecer en 1.591, año en que llegamos en nuestra narración.

 

Entonces numerosas familias de origen influyente como los mismos Belalcázar y Herrera, Paz Maldonado, García de Tobar, Velascos y Zuñigas, Mosqueras y Figueroas, Morenos, Cobos, Campos Salazar, Garcías Zambranos, Ceperas, Manssos y otras no menos meritorias, habían formado sus hogares en ella y la ciudad trabajaba por traer a su seno las Cajas Reales establecidas en Santiago de Cali desde 1.541, (lo que más tarde fue ocasión de rivalidades entre las dos ciudades) alegando el mejor clima de Popayán, el ser esta la cabecera de la Gobernación y haber obtenido por sus minas mayor importancia.

 

Al propio tiempo se había restablecido en ella el convento de Dominicos a quienes tanto debía la conquista, y funcionaban ya el de Franciscanos y el de los Agustinos, traídos por el señor Obispo Coruña con voluntarios y cuantiosos donativos del vecindario y con el apoyo del rey.

 

Acababa de fundarse en marzo de ese año el convento de religiosas de la Encarnación, para que sirviera de plantel a las hijas de los conquistadores, e iban mejorando las construcciones de la ciudad, desde el año anterior una real cedula había mandado trasformar en edificio de cal y ladrillo, cubierto de tejas, ( por respeto a la Divina Majestad) la Catedral que era pajiza, y los gastos de la obra debían erogarlos por tercias partes, la hacienda real, los encomenderos de la ciudad y los indios de ella y su comarca.

 

Entre las casas principales figuraba la de los esposos Paz Maldonado, que no parece fuera muy espaciosa, pero cuyo solar si lo era, a dos cuadras poco más o menos de la plaza tenia por linderos dos calles, dando el frente a la de San Francisco, una de  las más concurridas o por mejor decir, menos desiertas, porque en la colonia, como las familias estaban  repartidas en clases vivían aisladas, la ciudad simulaba un monasterio y apenas si transitaba de cuando en cuando por sus calles tal o cual caballero de capa, caperuza y espada, rara vez alguna dama envuelta en ancho traje y arrebozada en  la clásica mantilla española y solo indios y esclavos negros del servicio de las casas en reducido numero, iban y venían cumpliendo con los mandados de sus amos.

 

Tal era Popayán en ese tiempo.

 

 

LOS HECHOS

 

Don Sebastián de Belalcázar hermano de la difunta refiere así la tragedia:

 

“Habiendo estado algunos días la dicha Doña Catalina  en sus estancias y haciendas que tiene en los términos de esta ciudad, vino a su casa acompañada con el dicho Lorenzo de Paz, su marido, un día viernes, once del mes de octubre de este año de noventa y uno, como a la hora del medio día, poco más o menos. Y luego de la hora de comer ( entonces se comía a la una y media de la tarde ) la dicha Doña Catalina dio orden de aliñar su casa y mandar al servicio de ella que colgasen unos paños de pared (o        tafetanes )  en la sala; y ansí que los comenzaron a colgar, entro a su huerta, que esta dentro de la misma casa, para ver lo que convenía hacerse y estando allí, que seria como las tres de la tarde, fue el dicho Francisco García de Tobar a visitarla y darle la bienvenida y una india llamada Doña Juana ( a los caciques y a los miembros de su familia se les daba entonces el tratamiento de don, por reputárseles de sangre real ) del servicio de la casa, fue a la huerta, y dijo a su ama como estaba allí Francisco García que le venia a besar las manos.

 

Entre tanto este se sentó en una de las sillas de la sala y Doña Catalina salió a ver, que era lo que la quería y cuando vino le halló sentado en la sala, como dicho es, y Francisco de Tobar habiendo hecho la cortesía y comedimiento de crianza, que se suele, comenzó a preguntarle  como la había ido y si traía salud y otras razones de visita.

 

Y en el discurso de esta la dicha Doña Catalina como vio que no habían acabado de colgar los paños de pared en la sala, comenzó a reñir sobre ello y mando a una india suya llamada Barbolilla ( o Barbola ) que se asomase a la ventana de la casa que cae a la calle y mirase si parecía algún indio de casa para que acabase de colgar los dichos paños y ella subió a la ventana.

 

Y luego que se asomó vio venir y entrar en la casa al dicho Lorenzo de Paz y dijo a su ama – Señora, ya viene mi señor.- y ella respondió –Que venga.-

Y la dicha india volvió a decir.- Señora parece que viene enojado; que a sacado la espada de los tiros; y en esto entro el dicho Lorenzo de Paz pidiendo tinta y papel; y Doña Catalina desde la puerta de la dicha sala donde estaba en la dicha visita, sin haberse meneado de allí desde que llegó de la huerta, se fue a la cocina a ver lo que se hacia.

 

Entre tanto él hallándose con Tobar saco la espada y lo pasó por el pecho de una banda a otra; y este dejando la capa y caperuza de luto en la dicha sala, salió huyendo por la puerta de la calle, pidiendo confesión; y poco tiempo de allí cayó en el suelo desangrándose y sin sentido y dentro de un cuarto de hora murió, teniendo el dicho Tobar su espada en la cinta sin la haber desenvainado y sacado de los tiros.

 

Y luego después fue el dicho Lorenzo de Paz a la cocina, donde dicha Doña Catalina estaba y le dio catorce o quince estocadas de una banda a otra, con lo cual ella murió dentro de tres horas, poco más o menos”.

 

De la anterior relación presentada por la parte acusadora y de la presentada por la parte de Don Lorenzo, se puede reconstruir la tragedia así:

                                                 

El día que llego del campo Doña Catalina acompañada de Don Lorenzo, quien había salido a recibirla al camino, pasó él después de comer, a visitar a su tío Álvaro Botello Maldonado o a tratarle de algún negocio, si se tiene en cuenta que volvió intempestivamente a casa por tinta y papel y que esto no debió de ser un pretexto, ya que la víspera había mandado arreglar la sala para dar contento a su mujer, como lo declara el regidor Francisco Cepero y ese mismo día acudiendo a su encuentro, acababa de demostrar que no estaba prevenido.

Salido de casa el capitán, fue García de Tobar  a verse con Doña Catalina y solo con ella, porque no obstante que otras veces había entrado a visitarla sin preocuparse si estuviera o no sola y hasta se había quedado a comer con los dos esposos, en esta ocasión hallándose con uno de los testigos, García Álvarez, poco antes de llegar a la casa, le pregunto si estaba don Lorenzo, y aunque supo por su respuesta que no, sino en casa de su tío, se metió adentro, mientras Álvarez  seguía para la plaza  a la tienda de Benito Sánchez, que distaba de allí dos cuadras, poco más o menos, con el fin de contratar una puerta para la recamara, por encargo de Doña Catalina.

Al aviso de que Tobar la buscaba acudió ella y después de corresponder a su saludo, puso a Barbola en la ventana que daba a la calle, para que llamase un hombre del servicio de la casa, o para que atisbara si venia don Lorenzo y oportunamente lo avisara, como este asevera, caso que se le ocurriera volver.

 

Estando juntos en la sala o en la recamara de dormir del  capitán, son avisados de su regreso por la india; se sorprenden; sobreviene el momento de indecisión consiguiente a la sorpresa.

 

Barbola le dice a su ama que salga y a él que se esconda y al fin , tarde ya, se va Doña Catalina al interior y Tobar se mete en la recamara por ver de ocultarse. Don Lorenzo entre tanto, a quien nunca abandonaba del todo la sospecha, había notado desde que cruzo la esquina que una india espiaba en la ventana; que mirando hacia él, esperó, y que al ver que iba a entrar en casa, se vuelve precipitadamente haciendo señas con la mano, y se baja. Que podía imaginarse ¿........ Maquinalmente saca la espada de los tiros, movimiento que advirtió la india y entra pidiendo lo que iba a buscar; más al entrar alcanza  a ver a Doña Catalina  que sale como azorada; sigue entonces a la sala con su idea fija........pasa a su cámara; observa que hay en la puerta de la recamara una caperuza de luto; más se enardece; penetra en la recamara y se halla de manos a boca con un hombre, con García de Tobar, su amigo en quien confiara.............Se le oscurece el día, saca la espada y lo hiere..........huye Tobar, lo persigue hasta el portón causándole nueva herida; y vuelve, loco ya, sobre su mujer a quien encuentra en la puerta de la cocina; y es tal su coraje, que sin pensar en lo que hace, la cose a estocadas y no logra acabarla. Solo le  preocupa su honor que considera ultrajado............Tal es en resumen lo que sucedió, según las declaraciones de la parte de don Lorenzo.

 

LO QUE SIGUIÓ

 

García Álvarez que había ido con Simón Aillón a hacer la comisión de Doña Catalina para la compra de la dicha puerta de madera, dice que al salir de la tienda de Benito Sánchez donde no se demoro sino el tiempo empleado en pesar medio peso de oro, oyó ruido hacia la casa de don Lorenzo, y que al punto regreso allá y cuando entro a ver lo que pasaba, encontró al Guardián del Convento de San Francisco, que era Fray Juan de Paz Maldonado, acaso hermano del capitán, absolviendo en la puerta de la cocina a la señora.

 

Aillón agrega que al llegar a la casa salía don Lorenzo con la espada desnuda.

 

Fray Juan de Paz Maldonado al grito que dio Barbola asomándose a la puerta de la calle, cuando Francisco García de Tobar herido huyó pidiendo confesión,  había llegado con los demás vecinos a auxiliar a Doña Catalina, cumpliendo al paso respecto de García de Tobar con los últimos deberes.

 

A poco la casa se llenaba de gente. Algunos amigos alzaron a Doña Catalina y la condujeron a su cámara pasando por la sala. Reincorporada ella ya en su lecho, se confeso y recibió el viático, que fue acompañado de los circunstantes.

 

Luego entro Don Luis Soto de Molina, Teniente de Gobernador de la ciudad, con el escribano Juan Díaz, a fin de indagar a Doña Catalina y dar comienzo al juicio informativo.

 

Don Pedro de Velasco que estaba allí hizo salir de la habitación a las personas que rodeaban el lecho y se quedo solo con el juez y el escribano.

 

Después acudió a visitar a la herida cuanto había de más notable en la ciudad; desde el Señor Provisor y Vicario General de la Diócesis en sede vacante, Doctor Don Juan Jiménez de Rojas, hasta el último amigo de la familia; el hecho conmovió a todas las clases sociales.

 

Entre tanto llevaban a casa de Don Fernando de Tobar, previas las formalidades de ley, el cuerpo inanimado de su joven e infortunado hijo.

 

Don Lorenzo a la reacción natural de su animo, se refugio en la iglesia de San Francisco, a cuyas puertas agolpóse el pueblo con el Teniente de Gobernador que acudió allí en momentos en que Fray Juan de Paz Maldonado volvía a su monasterio y echaba llave a las puertas de la iglesia, por lo cual el Teniente presentose al guardián y tomole con violencia las llaves; abrió y ordenando al capitán Andrés del Campo Salazar que sacase a don Lorenzo, paso a interrogar a Doña Catalina, quien acababa de recibir el viático.

 

Campo Salazar declara que al entrar en el templo y ver al capitán le dio el pésame y este le respondió - “tendrán mucho trabajo los hombres honrados, si ni en sus casas pueden vivir seguros; jamás imagine que dicho Francisco García de Tobar tuviera entrada en mi casa con malos propósitos, si bien tenía la sospecha de que había hombre adentro”............. y después como reflexionando, agrego -  “Recuerdo que una vez en Ambaló, al llegar yo a casa, le vi asido de la mano de Doña Catalina”. Y salió de la iglesia y fue conducido a la cárcel publica por la calle real.

 

En la calle veiase a la gente anhelosa. Enterada del trágico suceso comentaba........ Testigos refieren que al pasar el capitán ante la casa de Juan de Angulo Cabeza de Vaca, estaban en una de la ventanas dos o más mujeres españolas, cuyos nombres dicen ignorar, tal vez por no comprometerlas y que al ver a don Lorenzo oyeron que decían. “ Bien esta lo hecho, qué al pobre caballero no le faltaba sino silvalle los muchachos”.

 

Al día siguiente eran enterrados los dos cadáveres en la Iglesia Mayor de esta ciudad.

 

Don Sebastián de Belalcázar y Herrera hermano de Doña catalina, Don Fernando García de Tobar del Campo el padre de Don Francisco, se constituyeron en acusadores de don Lorenzo y a ellos se asocio particularmente Don Pedro de Velasco y Zúñiga, tres personas influyentes, meritorias y emparentadas con las más esclarecidas familias de la ciudad.

 

Además Don Sebastián Sánchez, Notario Apostólico y del Juzgado Eclesiástico, vino a ser procurador de ellos.

 

 El capitán quedo solo, como español sin raigambres sociales aquí, se vio envuelto en un juicio de  lo más terrible, se le encarcelo y aherrojo, mientras la parte contraria iba y venia libremente acopiando pruebas, sugiriendo, influyendo a los testigos.

 

Concluida la información sumaria y comenzado el juicio plenario el juez señalo para las pruebas seis días de termino, que se amplio a doce y luego a veinte más a petición de la parte del capitán, no obstante la oposición de los acusadores. Estos como se ha dicho tenían por procurador a Sebastián Sánchez y como abogado al Licenciado Velásquez y el capitán dio poder a Juan Núñez para que siguiera por él el juicio y nombro como abogado al licenciado Bolaños.

 

Toda la táctica de los acusadores se dirigió a demostrar que Francisco García de Tobar fue herido sin motivo ni derecho, estando en la sala en la dicha visita a Doña Catalina y que esta sin haberse meneado de allí desde que llego de la huerta, se fue a la cocina a ver lo que se hacia, al paso que Don Lorenzo pugna por hacer ver que lo hirió en la recamara, aposento situado dentro “ de la cámara de su dormida”, y que la india Barbola había sido puesta a la ventana para que atalayara su venida y “ diese aviso de cómo así venia, si viniese” y lo que podía referirse al hecho de haberse informado García de Tobar antes de entrar, si el estaba en casa, a donde con tanta precaución seguramente “ no fue a enseñalle a la dicha Doña Catalina ninguna oración cristiana”.

 

Los testigos de Don Sebastián fueron examinados primero, luego los de Don Fernando, en Popayán y en Caloto y por fin los de Don Lorenzo quien los presento en esta ciudad, en la Nueva Segovia y en Cali.

 

Pero por más que hizo Don Lorenzo no pudo probar suficientemente su dicho en lo relativo a haberse hallado la capa y caperuza de Tobar en la recamara.

 

El capitán Gonzalo García Zambrano declara que Rodrigo de Torres le dijo tres días después de la muerte de Doña Catalina y García de Tobar, que

su cuñada Petrona de Carrera había sacado dichas prendas  de aquella habitación, por donde se infería que allí había sido herido Tobar y otros deponen haber oído decir que en la recamara se hallaron.

 

Más de tres testigos de Don Sebastián están contestes en afirmar que cuando llevaban a Doña Catalina herida a su cámara el día de la tragedia, al pasar por la sala vieron en una silla junto al estrado, la capa y caperuza y en el suelo la vaina de la espada del capitán, lo que pudo ser o porque  allí las dejaron sus dueños o porque las habían sacado, como lo afirma Zambrano.

 

Pero el único testigo presencial, que era la india Barbola se mantuvo en sus trece, sosteniendo lo que dijo en su segunda declaración cuantas veces fue preguntada y con tal precisión y sagacidad que proporciono a Don Sebastián razones para librarla del tormento, como quiera que este dicho tormento se dispone en los dichos esclavos, cuando se hallan variables y contradichos en sus testificaciones “ y siendo como es ansí cosa tan odiosa en derecho, se debe restringir al caso sin extenderlo a la dicha india, persona libre, mayormente estando ratificada por dos veces”.

 

 Las tachas con los testigos de la parte acusadora  que siguieron por parte del capitán son bien curiosas, a unos  los pone por enemigos suyos y a otros por viles y bajos, como a Simón Ayllón quien había entrado al servicio del capitán Pedro de Velasco desde el día de la tragedia y “ en cierto entremés que se hizo en la Iglesia de esta ciudad, salió representando la figura y persona de Barrabas que ningún hombre en semejantes actos, sino es muy vil y bajo acepta”.

 

Por su parte los acusadores también opusieron tachas a los testigos de Don Lorenzo .

 

Enseguida presento el licenciado Velásquez su alegato en nombre de la parte acusadora Don Sebastián de Belalcázar y Don Fernando de Tobar y después de argüir que ha probado su dicho con testigos abonados y como la parte contraria no probo el suyo como se requería “ ni resulta indicio ni sospecha de delito en Doña Catalina y García de Tobar ni de ello hay genero de probanza alguna, sin la cual la presunción es en contrario, demás de que al tiempo de su muerte la dicha Doña Catalina declaró aver muerto en la sala Don Lorenzo al dicho Francisco García de Tobar, cuya declaración en el articulo de su muerte en eficacísima en derecho, pide y suplica al Gobernador declares su acusación esta bien y jurídicamente probada y la parte contraria no haber probado cosa que le aproveche en su defensa y en consecuencia desto le condené en pena de muerte y en las demás en que haya incurrido, ejecutándolas en su persona y bienes para que yo consiga entero cumplimiento de justicia”.

 

Se pronuncio la sentencia después que fue presentado el alegato de Don Lorenzo y luego que el Gobernador Cipriano de la Cueva de Montesdoca hubo declarado “ la causa por conclusa”.

    LA SENTENCIA

 

“ En la causa criminal que ante mi pende entre partes, de la una el Capitán Don Sebastián de Bellarcázar y Herrera, vecino desta ciudad y Don Fernando García de Tobar del Campo,  vecino de la ciudad de Caloto, actores acusantes y de la otra el Capitán Lorenzo de Paz Maldonado, reo acusado y preso en la cárcel desta ciudad, sobre la muerte de Doña Catalina de Bellarcázar y de Francisco García de Tobar:

 

“fallo vistos los autos y meritos deste proceso por la culpa que de el resulta contra el dicho capitán Lorenzo de Paz Maldonado, que le devo de condenar y condeno a que de la cárcel donde esta sea sacado, y en una bestia de silla sea traído por las calles acostumbradas desta ciudad con voz de pregonero que manifieste su delito, y sea llevado a la plaza desta ciudad donde en lugar eminente que pueda ser visto de todas partes, el dicho capitán Lorenzo de Paz Maldonado sea degollado por mano de verdugo con un tajón u otro instrumento de hierro, con que el dicho verdugo le corte por garganta y cuello, el cuero y carne hasta que naturalmente muera y de la execusión y cumplimiento de esta sentencia de fe y publico testimonio el escribano desta causa, que para este efecto se halle presente.

 

“ Más le condeno en privación del feudo y indios de encomienda que el dicho Lorenzo de Paz Maldonado tenía del Reino al tiempo que cometió  este delito, los cuales desde luego, en nombre del Rey Ntro. Sr. Declaro por vacos para los encomendar en persona benemérita como su majestad manda.

 

“ Más le condeno a perdimiento de la mitad de los bienes y hacienda que el dicho capitán Lorenzo de Paz Maldonado tenia y poseía cuando cometió el dicho delito, los cuales aplico al fisco y cámara del Rey Ntro. Sr. Conforme a la ley del reyno que desto trata.

 

“ Más le condeno en la restitución de todos los bienes que por razón de dote, arrhas, multiplicado y ganancias podían pertenecer y pertenecían a dicha Doña Catalina de Bellarcazar de que se haga entero pago y satisfacción a los herederos y sucesores de la dicha Doña Catalina de Bellarcazar.

 

“Más le condeno en dos mil pesos de buen oro, de ley de veinte quilates, que aplico al dicho Don Fernando de Tobar o a la persona a quien  los dichos dos mil pesos pueden pertenecer por herencia o sucesión legítima y por esta sentencia así lo pronuncio y mando con condenación de costas y perdimiento de las armas con que el dicho Lorenzo de Paz delinquió.

 

“ El Licdº Cueva de Montesdoca”.

 

“ Pronunciamytº. En la ciudad de Popayán a los dos días del mes de diziembre de mil y quisº e novetª e un años el Licdº Cueva de Montesdoca,  gobernador y capitán Gral. En esta gobernación, por ante my  el escno. Y su acompañado, dio e pronunció esta su sª...........fui presente – Juan Guerra.  Francisco Hernández del Barco.

 

 LA APELACIÓN

 

Al saberse en la ciudad que el gobernador había pronunciado su fallo, gran numero de gente se dirigió a la plaza por ver de averiguar lo que era y como ocurre  siempre en estos casos, la concurrencia se dividió en dos bandos, uno a favor y otro en contra de Don Lorenzo y debieron dejarse sentir pues según lo hace constar el escribano Juan guerra, a esa hora  estando mucha gente junta, un tal Lorenzo, pregonero publico, apareció en una de las ventanas  del ayuntamiento que daban a la plaza y pregonó el auto del gobernador proveído ese mismo día, dos de  diciembre, por el cual mandaba promulgar la sentencia y para que tuviera cumplido efecto, “se conminaba con pena de muerte y perdimiento de todos los bienes, al que fuere osado a impedir de palabra o de obra o en otra manera alguna la ejecución de la dicha su sentencia”, pena en que dio al presunto por condenado desde luego.

 

Esto como es natural reprimió la efervescencia y al punto las partes, acusado y acusadores, empezaron a librar la última y decisiva batalla con esa tenacidad que caracterizaba a los hombres de su tiempo.

 

Don Sebastián y Don Fernando dirigieron entonces al gobernador  un pedimento encaminado a obtener cuanto antes la ejecución de la Real Justicia.  Pedimento en el cual previendo que Don Lorenzo usaría del recurso de apelación que le quedaba, se adelantaban a solicitar a la vez que se le diera traslado de él, si así sucedía, para que se hiciese con conocimiento de causa.

 

En efecto el capitán apeló “ como de sentencia injusta y contra el tan agraviada para ante su majestad y los señores  presidente y oidores de su Real Audiencia de San Francisco de Quito”, bajo cuya protección ponía su persona y bienes, pero el gobernador en decreto marginal sin dar traslado, mando se cumpliera lo proveído en la causa y con esto termino el día segundo al de la sentencia.

 

Al día siguiente, vuelven los acusadores por tres veces y con mayor tesón sobre su anterior solicitud y se quejan de que se esta dilatando la ejecución, alertando al gobernador sobre el temor que se tenía, de que los valedores de Don Lorenzo, pudieran hacerlo fugar de la cárcel dejando burlada la justicia y al propio tiempo piden “se mande agravar las prisiones del reo y añadir guardas para que no se pueda ir”.

 

Así las cosas interviene de improviso Fray Juan de Paz Maldonado, quien en razonado memorial, después de relatar como el Teniente de Gobernador Don Luis Soto de Molina, acudió con todo el pueblo el día de la tragedia a su convento y como entro en el con gran fuerza de gente y omitidas las formalidades de la ley, le quitó las violentamente las llaves, abrió el templo e hizo sacar al capitán tomándole de las gradas del altar ante el Santísimo, sin ninguna consideración a la majestad del Rey de Reyes, ni estar  hecha la información para que constara si el dicho delincuente podía gozar de la inmunidad de la Iglesia.

Requiere al gobernador con una Real Cedula sobre el particular que presenta en su original y le pide todas las veces que puede y de derecho debe “ la restitución del dicho capitán Lorenzo de Paz al dicho su convento tal como del fue sacado”, y que no se prosiga en la ejecución de la sentencia, hasta que la Real Audiencia determine la causa y si pudo ser sacado o no, protestando que de no hacerse así, pedir ante el Juez Conservador nombrado ( Juez eclesiástico o secular nombrado con jurisdicción y potestad para defender de violencias alguna iglesia y comunidad religiosa y otros eclesiásticos), lo que convenga y que vuelva por la Iglesia de Dios y sus inmunidades”.

 

El gobernador colocando la Real Cedula sobre su cabeza la obedeció, pero se sostuvo en su sentencia original alegando que el delito que el dicho Lorenzo de Paz cometió, fue de muerte segura, que la ley reputa por aleve y que no debe gozar de la inmunidad  de la Iglesia.

 

Más el abogado defensor licenciado Bolaños no se desconcertó, sino que luego puso en juego a los “acreedores” del capitán, cuyo memorial debió hacer época en su tiempo.

 

Ellos como “partes interesadas”, al tener noticia de cómo habiendo apelado de la tal sentencia el dicho Lorenzo de Paz, por ser contra él injusta y muy agraviada, debiendo el gobernador otorgarle la apelación se la ha denegado, por lo cual piden, requiriéndole, que se la otorgue y de no hacerlo, apelan a su turno para ante su majestad y los señores presidente y oidores de su Real Audiencia, donde protestan demandar contra el dicho gobernador y sus bienes y de sus fiadores, todos los intereses que a todos y cada uno de ellos pertenecen, ya que con la denegación de apelación, corría peligro lo que Don Lorenzo les debía.

 

Sin embargo el juez se mantuvo firme decretando que los acreedores pidan su justicia por sus deudas, contra los bienes del dicho Lorenzo de Paz, que se les hará justicia y si quisieren testimonio de su apelación se les dé.

 

Finalmente el capitán basado en nulidades, como la del Teniente de Gobernador Soto de Molina y las presentadas a algunos testigos de la parte acusadora plenamente justificadas por la parte acusada, demando de nuevo y torno a apelar de habérsela denegado para ante su majestad, debajo de cuya protección y amparo ponía su persona y bienes, caso en que ya le era forzoso al juez otorgar la apelación.

 

Desde ese momento Don Lorenzo siempre asistido por el Licenciado Bolaños, empieza a cobrar  en su favor los medios que pudieran asegurarle el triunfo definitivo.

Le era menester dinero, elemento “sine qua non”, en todos los pasos de la vida,  a fin de pagar abogados y procuradores en Quito y suplica se le den seiscientos pesos de oro de veinte quilates, siéndole concedidos quinientos y solicita se remita también su persona a Quito, a todo esto el juez le dio traslado, ante el asombro y furia de los acusadores que no cesaban en sus demandas de justicia aduciendo el cumplimiento de  las leyes del reino que manda se ejecute la sentencia allí donde se cometa el delito, más el gobernador se sostuvo en otorgar la apelación para ante su majestad y remitió el reo a San Francisco de Quito, dando seguridad a la persona del preso en su viaje.

 

Como es natural, semejante auto exaspero a los actores acusadores, a quienes es fácil imaginárselos vestidos a la usanza de aquel tiempo, dirigirse impacientes por las solitarias calles de nuestra ciudad colonial, a casa del licenciado Velásquez y tratar allí acaloradamente del asunto, comentar con esa violencia de carácter propia de su raza, la debilidad y parcialidad del gobernador y redactar por fin la demanda que el mismo día aparece sustanciada por este y en la cual suplican se revoque el auto de apelación y no se remita el preso, ni le den los quinientos pesos decretados, volviendo insistentemente sobre las apelaciones por ellos interpuestas y pidiendo testimonio de lo actuado.

Pero nada consiguieron, el gobernador se mantuvo en lo proveído y el escribano Juan Guerra pasa a notificar a Don Sebastián y a Don Fernando para que “vayan en seguimiento desta causa a la Real Audiencia de San Francisco de Quito, dentro del termino dado”.

Frustrados y furiosos, definitivamente y pese a sus influencias, vieron como Don Lorenzo en nombre de su majestad, era trasladado con un piquete de soldados para su custodia, a la lejana ciudad de Quito.

 

 

EPILOGO

 

Surtida que fue su apelación ante la Real Audiencia y declarado absuelto, el Capitán regresó a Popayán, ejerció luego el cargo de Teniente de Gobernador en ella, siguió siendo como antes tranquilamente su vecino encomendero, contrajo segundas nupcias con Doña Catalina de Zúñiga, hija del conquistador capitán Francisco de Mosquera y Figueroa y Doña Leonor de Velasco y Zúñiga y sobrina por lo tanto de su enconado acusador en este ruidoso proceso Pedro de Velasco y Zúñiga, y casado ya nuevamente compro  una estancia de sembrar maíz, en el llano de la vega de cauca al propio capitán Sebastián de Belalcázar, quien con Fernando García de Tobar, tantos esfuerzos hicieran para que se le condenara,  murió ya viejo en la paz del señor dejando tres hijas de su segundo matrimonio (que del primero no tuvo ninguno), la mayor de ellas casada con el capitán Juan de Mera, todo lo cual el declara en su testamento otorgado, “a veinte días del mes de enero de mil y seiscientos y diez y nueve años en  las casas de su morada, en la ciudad de Popayán”.

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