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Relatos de Caza

EL COTO DE PELO Y PLUMA..... DEL CENTRO DE LA CIUDAD

Por. Oscar Tobar Gómez. MD.

El pasado 25 de Agosto falleció en la ciudad de Santa Fe de Bogotá, (Colombia) en la Clínica Shaio, el Doctor Pedro Felipe Valencia López, hijo del ex presidente, Guillermo León Valencia. La noticia causó conmoción en la ciudad, especialmente entre sus amigos y relacionados.

Uno de ellos, Don Roberto Lehman González, compañero de juegos infantiles, bancos de escuela y aulas de colegio del fallecido, casi un miembro más de la familia Valencia, dados los muy estrechos lazos de amistad que le unieron siempre al noble mandatario colombiano y su familia, fue uno de los más impactados con la infausta noticia.

El sorpresivo deceso del entrañable y fraterno amigo, le ocasionó al señor Lehman González un severo ataque de Isquemia Coronaria, enfermedad que padece desde hace algunos años, la crisis fue tan grave que lo postró en cama durante varios días.

Ahí, a su lecho de enfermo fui a visitarlo y como ocurre con todos los pacientes en convalecencia, empezó a hacer memoria y relación de su vida, recordando hechos e historias de cacerías y alguna que otra anécdota picaresca de la ilustre ciudad.

Así que, con un vaso de refrescante bebida en la mano, me arrellané en mi sillón y me dispuse a escuchar los amables recuerdos del dilecto amigo.

" Vengo a relatarte mi querido médico, algunos sucesos no publicados de nuestras cacerías en el centro de la ciudad ".

-Al ver la sorpresa pintada en mi rostro, Roberto continuó, esbozando una sonrisa-

"Corría el verano de 1.954, la violencia política estaba en pleno apogeo y los "chulos" o "chulavitas", denominados también, "pájaros", masacraban gentes por todas partes, especialmente en el norte del Valle y norte del Cauca.

Era a la sazón corresponsal del diario El Tiempo en Popayán, el señor Carlos Valencia Mosquera, aunque en ese momento circulaba el periódico El Independiente, pues El Tiempo estaba suspendido por razones muy explicables dada la situación política del momento.

Carlos Valencia publicó en El Independiente, un titular en primera pagina que decía: CACERÍA DE PÁJAROS EN POPAYÁN, donde se anunciaba la cacería de los "chulos" de la ciudad, ("chulo" se denomina a los delincuentes en Colombia) pasando enseguida el artículo exprofeso, a la última página del diario.

Cientos de personas alarmadas, compraron el periódico para leer la tremenda noticia.

Efectivamente, en ella se anunciaba que debido a la proliferación de zamuros, zopilotes, chulos, gallinazos o auras tiñosas, como quieras llamarle, que invadían nuestra noble plaza central, Francisco José de Caldas, impidiendo que las palomas y en especial los titiribíes, avecillas de color rojo encendido, lustrosas pintas de negro y alegre canto, adornaran con su presencia y gorjeo las araucarias y pinos del querido parque, se había decidido proceder a dar de baja a los buitres, que se apoderaban de la zona verde todas las tardes al caer el sol.

Así, tres días después, tal como lo anunciaba el periódico, a las cinco de la tarde, habían entre 2.500 a 3.000 personas asistiendo al exterminio de los dichos "pájaros".

Los cazadores tomaron posiciones en forma estratégica frente a la Catedral Basílica y frente el famoso Café Eléctrico, después llamado Café Alcázar. Me acompañaban Javier Mosquera Arcila, quien fue posteriormente Secretario del Consejo de Ministros del Presidente Valencia, Roberto Ayerbe González, Gerente del Instituto de Crédito Territorial, Alberto castellanos, Secretario de Obras Públicas Departamentales, Federico Arboleda Cabal, Administrador de la granja, La Florida, criador y manejador de jaurías de perros de cacería, Álvaro Arboleda Cabal, eterno compañero del grupo cinegético de Popayán y Álvaro Velasco Rojas, Matapalo, experto cazador y diestro tirador de arma larga.

Había gran tensión en los espectadores, muchos no sabían a ciencia cierta que o quienes eran los llamados "pájaros" que se iban a dar de baja.

Cual no sería su sorpresa cuando entró volando el primer "chulo" procedente de la cercana galería del mercado central y de un certero disparo de mi escopeta, cayó redondo sobre los taxis que estaban parqueados alrededor de la plaza de Caldas.

Desde ese instante empezaron a entrar los zopilotes o gallinazos, en el campo de mira de los expertos cazadores, los zamuros volaban en fila tratando de posarse en las araucarias y pinos del parque, con certera puntería todos los pájaros que trataron de llegar a los árboles fueron derribados.

Inmediatamente la muchedumbre prorrumpió en palmas, vítores y felicitaciones, mientras que los emboladores ( lustrabotas), formaban un considerable rimero con los chulos dados de baja.

Ordené llevar las aves sacrificadas a un sitio previamente acordado para enterrarlas y así evitar la contaminación posterior a su putrefacción, sin embargo muchos de los espectadores solicitaron se les regalara algunas de ellas, dada la popularizada idea de que la sangre del zamuro servía para curar el cáncer.

A pesar de la necesidad para la época del exterminio de estas aves, que se habían constituido en un problema estético e higiénico para el centro de la ciudad, no dejaba de ser el hecho muy lamentable para mí, pues sabes querido amigo que soy un conservacionista y ecologista convencido. Por eso hoy tengo una reserva forestal al occidente de la ciudad, con suficientes pozos de agua, donde se bañan diariamente entre 600 y 1.000 gallinazos, una empresa de mí propiedad que tú muy bién conoces, la arenera Trujillo-San Marino".

Haciendo una pausa para refrescar sus labios con un sorbo de agua Roberto continuó.

"Años después en 1.967 durante la administración del Doctor Álvaro Caicedo siendo Secretario de Gobierno el Doctor Luis Afranio Tobar Gómez, cazador profesional y experto armero, sé cerró definitivamente la galería de mercado del centro de Popayán, donde las ratas y ratones habían invadido todos los locales, consumiendo los desperdicios, restos de grano y residuos orgánicos que quedaron después de desocupar el inmueble, lo cual se verificó con grandes dificultades, debido a la tenaz oposición de los vendedores, renuentes a abandonar los lugares que habían ocupado durante años.

Viendo que era necesario el exterminio de los nocivos roedores, le propuse a algunos amigos de la administración, entre ellos al Doctor Tobar Gómez, realizar entradas de cacería, utilizando para el efecto rifles de aire comprimido, minimizando así toda posibilidad de un accidente que después pudiera lamentarse.

Conseguido el correspondiente permiso, dispuse la redada en forma estratégica, participando además de un gran número de aficionados, los señores, Federico Lehman Gonzáles, Federico Arboleda Cabal, el mismo Secretario de Gobierno y algunos ciudadanos más, cuyos nombres, de momento no recuerdo.

Debo anotarte que no se trataba de ratas comunes, estas eran gigantescas, temo  no exagerar al decir que algunas eran tan grandes como conejos. Durante muchísimos años se refugiaron en la plaza de mercado central, horadando las paredes, formando galerías en los muros e invadiendo toda la estructura y las casas aledañas, causando destrozos en las propiedades, en ocasiones lesiones a los niños de brazos, a las mujeres y los hombres, durante las noches.

Los cadáveres de las ratas, por miles, sin dramatizar en lo más mínimo, eran recogidos con palas por los empleados del servicio de basuras del municipio y llevados en volquetas fuera de la ciudad, donde se enterraban en fosas previamente abiertas para el efecto.

La cacería se prolongó por tres noches, los cuerpos de los peligrosos roedores por montones, fueron fotografiados por el reportero gráfico del diario El Tiempo de la época. Los cazadores posaron para los fotógrafos y las fotografías fueron publicadas por ése periódico.

roberto.jpg (30991 bytes) El Ex Presidente Guillermo León Valencia se encontraba entonces de embajador en España, su secretaria al ver las fotografías en el diario, entró precipitadamente en el despacho del ex mandatario colombiano, exclamando.

Oh! señor embajador, aquí trae el periódico unas fotografías de una espantosa cacería de ratas en su noble ciudad de Popayán! -a lo cual respondió el embajador con amplia sonrisa -

¡ Nó me la muestre, nó me la muestre, tengo la absoluta seguridad y no lo dude Ud,

El sabio naturalista Federico Carlos Lehman Valencia, que con el padre Gómez creó el Museo de Historia Natural de Popayán,  el Presidente Guillermo León Valencia y Roberto Lehman

que entre el grupo de

  cazadores se encuentra Roberto Lehman encabezando la faena!

Una sonrisa pone fin también a los recuerdos del querido amigo, mientras nos despedimos prometiendo continuar posteriormente con el anecdotario cinegético de la ciudad.

Fuente

Entrevista con el Señor Roberto Lehman González. De la obra inédita, Relatos de Caza.

Popayán 6 de septiembre del 2.000.


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