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Ávila 1.515

En el hogar de Don. Alonso Sánchez de Cepeda y Doña. Beatriz de Ahumada, todo es regocijo, los criados corren, las doncellas presurosas atienden a su ama, mientras la partera enseña entre sonrisas el cuerpo lozano de una hermosa niña, Don. Alonso con la emoción pintada en su rostro, después de besar a su joven esposa y a su tierna hija, toma su diario y escribe.

" En miércoles veinte e ocho del mes de marzo de quinientos e quince años nasció Teresa, mi fija, a las cinco horas de la mañana, media hora más o menos, que fue el dicho miércoles casi amaneciendo. Fueron su compadre, Vela Núñez y la madrina Doña Maria del Águila, fija de Francisco Pajares."

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Era un miércoles de pasión del año 1.515, segundo del pontificado de S.S. León X, reinando en España D. Fernando El Católico, el lugar del nacimiento hubo de ser según parece la aldea de Gotarrendura donde los padres de la infanta solían pasar el invierno.

Aquel nacimiento llenaba a todos de alegría, cuatro años antes había nacido el segundo hijo Rodrigo (1.511) y un año antes de este, el primero, Hernando (1.510), la joven madre miraba cargada de ilusión a su primera hija, su futura confidente, la compañera de su corazón.

Los tres, Hernando, Rodrigo y Teresa eran los primeros hijos del segundo matrimonio del hidalgo quien había contraído nupcias con doña Beatriz en noviembre de 1.509, habiendo conseguido previamente dispensa, pues Beatriz era prima en tercer grado de la difunta esposa de Don Alonso.

Este, Don Alonso, hijo del acaudalado comerciante, Don. Juan Sánchez de Toledo y Doña Inés de Cepeda, había contraído matrimonio inicialmente con Doña Catalina del Peso y Henao de la cual hubo dos hijos, María de Cepeda, nacida en marzo de 1.506 y Juan Vásquez de Cepeda nacido en junio de 1.507 quien murió joven, como capitán de infantería en las costas de África. ( Aquí debemos remediar el error en que incurre Arcesio Aragón, el autor de Fastos Payaneses, cuando atribuye la maternidad de la Santa de Ávila, a Doña Catalina del Peso y Henao, esta distinguida dama murió el 8 de septiembre de 1.507 a consecuencia de la peste que asoló a España en ese año, la Santa nació 8 años después de la muerte de Catalina, en 1.515. (Ver Fastos Payaneses, pié de página número 65, edición de 1939. Imprenta nacional.)

Después de Teresa nacieron, Lorenzo (1.519), Antonio (1.520), Pedro (1.521), Jerónimo (1.522), Agustín (1.527) y Juana, la menor (1.528.)

El padrino de pila de la santa fue D. Francisco Velásquez Núñez Vela, hermano del futuro Virrey del Perú Blasco Núñez Vela. Se entiende por ello la profunda relación de las dos familias y los posteriores viajes a Indias de los hermanos menores de Teresa, los mayores les habían precedido en otras expediciones.

La situación interna de la sociedad española atravesaba momentos críticos. La política belicosa de Carlos V agotaba las fuerzas de la nación. La organización deficiente de la industria y el comercio, la carestía de la vida, la dispersión de los españoles y los compromisos con el extranjero, eran una amenaza que inquietaba a la clase media.

La mayoría de los hidalgos no tenían otro porvenir que el de las armas. España, como una floración de primavera, arrojaba héroes por todos lados. Sin mirar el desgaste de la nación Carlos V en persona al frente de sus valientes soldados, sostenía con las armas y con sus hombres la primacía del Imperio.

Los hermanos de Teresa, en efecto no tenían un porvenir muy lisonjero dentro de la nación. Los negocios de su padre antes prósperos, iban de mal en peor, ellos por su parte no mostraban aptitudes para restablecerlos y cada día la merma de la economía nacional hacia más difícil la vida de los hidalgos. El mismo Emperador había desdeñado varias veces sus privilegios y extendía sobre ellos las cargas del estado.

Por otra parte la política europea estaba cada día más enredada. Carlos V se había enzarzado con las guerras de Italia primero, después con los interminables conflictos que le creaban los protestantes, luego los turcos y finalmente los franceses.

Los sectarios se infiltraban por todas partes, en Francia provocaban disturbios, en Italia sembraban insidias, en España se esparcían entre las sombras como la cizaña. Esto ponía nerviosos a los buenos españoles, que veían cernerse el peligro sobre sus cabezas como un fantasma pavoroso.

Las costas africanas eran una inmensa guarida de piratas que acosaban incesantemente a la cristiandad. En 1.534 Jairedino Barbarroja se apoderaba de Túnez. El mismo Carlos V se puso al mando de la expedición para esa guerra santa, el 14 de julio de ese año vencida una feroz resistencia las tropas cristianas derrocaban el fuerte de La Goleta y el 21 entraban en Túnez, pasaban a cuchillo a sus defensores y libraban a 20.000 esclavos cristianos.

En Ávila se leían con delirante jubilo las cédulas reales en que la reina anunciaba los triunfos del emperador. Pero el peligro no había sido del todo eliminado, Barbarroja volvería a rehacerse y seguiría acosando a la cristiandad.

Los soldados españoles codo a codo con los herejes, llevaban una vida tan azarosa como ellos y en materia de fe danzaban al borde del precipicio. El cuerpo de los tercios españoles ya por estos años glorioso, era el terror de los pueblos y aun en España sus atrocidades fueron tales, que las voces se alzaron en las cortes pidiendo remedio.

La fama de los soldados españoles iba envuelta en lodos de bajeza. No tenían ideales caballerescos y se sublevaban con facilidad si no recibían a tiempo la soldada, con sus rapiñas y libertinaje hacían odioso el nombre de España en todas partes.

Los hidalgos castellanos que antaño cifraran su gloria en blandir la espada acaudillando los ejércitos del rey, desdeñaban ahora esta chusma entre la cual sus privilegios se ajaban sin remedio. Sus ojos volvianse con preferencia hacia otros horizontes allende los mares. Las nuevas que llegaban de los conquistadores de Indias corrían por castilla como una leyenda. Los caballeros se sentían dominados por la fiebre de partir, luchar, vencer y dilatar los dominios de la cruz.

La salida no se concedía con facilidad, después del fallido intento de enviar prisioneros de las cárceles, en medio de los buenos hombres, en los dos primeros viajes del Almirante Colón. Ahora era mas bien una distinción para hidalgos de limpia sangre, Isabel La Católica lo había reservado a los castellanos, D. Fernando la extendió después a los aragoneses y Carlos V la amplió a las demás provincias. Los nobles hallaban grandes ventajas con tomar aquel venturoso viaje. Años más tarde con el cambio de las leyes de comercio, la supresión de la encomienda y la rebelión de las colonias, los españoles mudaron su entusiasmo por antipatía.

Los ojos de Teresa se iluminaron con esta solución para su situación económica, todos sus hermanos estuvieron de acuerdo, al fin y al cabo viajaban con nobles amigos y algunos parientes. ¡ A las Indias ¡ ¡ a las Indias¡.

Las demandas se iniciaron enseguida, Hernando de Ahumada el mayor de los hermanos pudo partir ese mismo año, 1.534 en compañía de su primo Hernando de Cepeda, hijo este de D. Francisco Álvarez de Cepeda y Doña Maria de Ahumada. ( Quizás por la similitud de los nombres muchos historiadores y genealogistas los confunden, uniendo en matrimonio a Catalina de Belalcázar hija del Adelantado con el hermano de santa Teresa, cuando en realidad fue su primo quien casó con ella, este dato se puede comprobar en Archivo de Indias, Sevilla, Expedientes de Filiación 2-I-15. el texto dice: "Hernando de Cepeda que fue a indias junto con el Ahumada, casó con Dª Catalina de Belalcázar, hija del Adelantado Sebastián de Belalcázar y moraba también en San Juan de Pasto de la Gobernación de Popayán. Fueron sus hijos legítimos, Dª Isabel de Cepeda y Belalcázar, que casó con Gómez de Chávez en la misma ciudad y el Capitán Sebastián de Belalcázar que murió joven".

Según declaran varios testigos "El Capitán Cepeda fue uno de los conquistadores del Perú, se halló en casamarca en el prendimiento del inca Atabalida y luego en compañía del Adelantado Belalcázar vino al descubrimiento y conquista de las provincias de Quito y después a San Juan de Pasto siendo Capitán de a caballo del campo y exercito de S. M. Se halló en la batalla de Añaquito contra el General Pizarro y con gran riesgo de su persona y vida salió desbaratado y robado. Fue personalmente a la jornada del Dorado por General y en la Gobernación de Popayán le fueron encargados al dicho Capitán General Hernando de Cepeda muchos oficios de justicia y republica, como fue de Alcalde Ordinario y Teniente de gobernador general de toda la tierra."

Esta confusión entre los dos Hernandos, el Cepeda y el Ahumada la cometen varios historiadores entre ellos, D. Arcesio Aragón, el autor de Fastos Payaneses, atribuyendo a Hernando de Ahumada un matrimonio que nunca contrajo.)

Pasaron estos primos hermanos a Indias en 1.534 en la expedición de Hernando Pizarro a tierras del Perú y concurrieron a su descubrimiento y conquista, lo mismo en las provincias de Quito, que en las de Quillacinga y Popayán.

Posteriormente se embarcó Rodrigo de Cepeda, el segundo hermano de Teresa el 3 de agosto de 1.535, uniéndose a la brillante expedición del Adelantado D. Pedro de Mendoza con destino al Rió de la Plata; en ella se contaron treinta y dos mayorazgos, zarpó del puerto de Sevilla el 24 de agosto, acompañó a Juan de Ayolas a la región de Xarayes, atravesó la cordillera andina, para morir gloriosamente años después, luchando contra los araucanos el 10 de agosto de 1.557.

Grande fue el dolor de la santa al conocer la muerte del hermano, que había sido su amigo y confidente desde la infancia, al recibir la noticia exclamó, " Que lo tenia por mártir porque murió en defensa de la fe".

En 1.540 partieron Lorenzo y Jerónimo acompañando al visitador Cristóbal Vaca de Castro, comisionado por el emperador para aclarar la situación del Perú dividido entre Almagro y Pizarro. La lucha entre estos antiguos capitanes, culminó con la muerte violenta de ambos y el territorio se vió envuelto en una guerra civil, el visitador Vaca de Castro impuso la paz por algún tiempo en el país con el apoyo de los leales al rey, entre ellos el Adelantado Belalcázar, pero la calma solo presagiaba el fondo de una gran tormenta.

Los otros hermanos tenían más o menos las mismas aspiraciones de los mayores que se fueron a Indias. De momento se quedaron en la casa de su tío Francisco Álvarez de Cepeda, el padre de Hernando, adonde la propia Teresa solía desde entonces acudir como a su propia casa.

El 3 de Noviembre de 1.543 el primer Virrey del Perú D. Blasco Núñez Vela y su hermano Francisco Velásquez Núñez Vela padrino de la santa de Ávila, partían con una flota de cincuenta navíos, rumbo a Nombre de Dios, con ellos iban Antonio y Pedro de Ahumada. Antonio acompañó a la expedición a su destino. Pedro se quedó en Panamá y posteriormente siguió al Capitán Ponce de León en su exploración a la Florida, esta expedición fue cantada gloriosamente por el Inca Garcilazo de la Vega.

A la sombra de D. Blasco los Cepeda vieron un porvenir sonriente, los que estaban en el Pasto y Popayán salieron a recibirle para ponerse a sus ordenes. La misión del virrey era en extremo delicada y muy honrosa, debía imponer en aquellos reinos las nuevas ordenanzas del emperador.

Pero no era cosa fácil establecer un nuevo órden entre aquellos españoles que se habían posesionado del Perú y vivían a sus anchas como grandes señores en sus feudos. Se requería una destreza política de primer órden y para ello no era el más indicado D. Blasco Núñez Vela, excelente guerrero pero mal diplomático. Impetuoso y retador desoyó desde el principio el concejo de los oidores y gobernadores y sembró así un ambiente tenso e irritable, que terminó finalmente en una manifiesta rebelión.

La mayoría de sus leales eran avileses, conocidos o parientes suyos que le seguirían hasta la muerte, entre ellos especialmente deudos de la familia de Teresa como los Tapia, del Peso, Dávila, Cepeda, Ahumada y Mexía.

El virrey solo vió enemigos del rey y súbditos rebeldes por todas partes, empleando medidas rigurosas suspendió las encomiendas y confiscó bienes y tierras, aprisionó a muchas personas por sospecha de deslealtad y cometió errores tan graves como aprisionar al exvisitador Cristóbal Vaca de Castro y dar muerte al factor Illén Suárez de Carvajal.

La sedición y el descontento fueron pronto patentes, Gonzalo Pizarro se rebeló y tomó a Lima, la capital, con un ejercito de inconformes y rebeldes, el virrey fue prendido por los mismos oidores de la Real Audiencia y enviado a Panamá para que se volviese a España, logró evadirse con la complicidad de su carcelero, el oidor Juan Álvarez y junto con su hermano Francisco Velásquez Núñez Vela logró desembarcar en el puerto de Tumbez. Desde allí solicitó la ayuda de la ciudad de Quito y escribió a la ciudad de San Juan de Pasto a muchos de sus leales, entre otros a los hermanos Cepeda y Ahumada.

El primero en acudir fue Rodrigo de Ocampo con treinta lanzas, invitándole a tomar posesión de la ciudad de Quito, los hermanos Cepeda acudieron apresuradamente " con todo el aderezo de sus personas, e armas e caballos" para ponerse debajo del estandarte real. Encontraron al virrey a unas setenta leguas de Quito, iban tres hermanos, Hernando, Lorenzo y Jerónimo con su primo Hernando de Cepeda.

Con las tropas acaudilladas en Quito quiso el virrey dar batalla a los rebeldes de Gonzalo Pizarro que estaban en Piura y derrotó a los capitanes Hernando de Alvarado y Gonzalo Díaz de Pineda que le resistieron en Chinchicara. Los hermanos Cepeda celebraron su primera victoria en compañía del virrey.

Mas los efectos fueron perniciosos. Alarmados los rebeldes en La Ciudad de los Reyes, Lima, pensaron que si el virrey se recobraba no dejaría uno con vida y así decidieron acosarle sin demora.

Cuando el padrino de santa Teresa, Francisco Velásquez Núñez Vela, supo que se acercaba el rebelde Pizarro, le escribió una carta de desafío citándole a un combate singular para evitar la muerte de españoles por españoles pero,  Pizarro, " Haciendo burla y mostrando tener en poco a Vela Núñez, se reyó cuando vido la carta"

El virrey ante la cantidad de rebeldes que le superaba en número, tuvo que retirarse a toda prisa primero a Quito y luego a Popayán, perdiendo muchos hombres en la retirada, tántos que de cuatrocientos que eran, solo llegaron a Popayán setenta, entre ellos los hermanos Cepeda.

Siempre leal al rey, el Gobernador y Adelantado Sebastián de Belalcázar organizó rápidamente una expedición de trescientos hombres, ( algunos cronistas la estiman en cuatrocientos ), el virrey instaló la Audiencia en Popayán con el oidor Álvarez, que le acompañaba y los licenciados Sarmiento y Gallegos.

A principios del mes de diciembre con un pequeño ejercito bién aderezado se dirige al sur, son doscientos infantes piqueros y arcabuceros y ciento diez lanzas, lleva a Sebastián de Belalcázar por Teniente General de la expedición, por Maese de Campo a Juan de Cabrera. En el escuadrón de infantería iba el valiente Sancho Sánchez Dávila con una compañía de arcabuceros que llevaba a su cargo, el Capitán Hernando de Cepeda con su compañía de lanzas llevaba el ala derecha del escuadrón y la otra Garci Pérez de Bazan, Hernando de Ahumada llevaba el estandarte real junto a las banderas de la gente de a caballo.

Antonio de Ahumada se había reunido con sus hermanos en Popayán, iban pues cuatro hermanos de la santa y su primo, Hernando de Cepeda.

En las márgenes del Guayabamba los cuatro hermanos antes de entrar en batalla y ante notario hicieron renuncia de su legítima a favor de su hermana menor Dª Juana de Ahumada, aquel mismo día 17 de enero de 1.546.

El día siguiente, 18 de enero, los dos ejércitos se encontraron en el valle de Añaquito, trescientos contra setecientos. El encontronazo, con disparos furiosos de arcabuces, fue terrible y confuso. Sancho Sánchez Dávila cayó acribillado, Blasco Núñez Vela arremetió personalmente con su lanza con gran denuedo en compañía de la infantería, afirman los cronistas que yendo los capitanes Hernando de Cepeda y García de Bazán a encontrarse con los enemigos tomaron los lados de la batalla y debieron replegarse desamparando el grueso del escuadrón debido a la furiosa carga de la caballería enemiga.

El Alférez Hernando de Ahumada continúa el cronista, presa del pánico, dejo en tierra el estandarte real y fue recriminado por el licenciado Álvarez quien le gritó " ¡ Ah mal hijodalgo¡ ¿ porque dejas caer en tierra las armas del rey? Y el no mirando en aquello salió huyendo a toda priesa." El afamado Capitán Pedro Cobos viendo esto, tomó el estandarte entre sus manos y murió despezado defendiendo la insignia real, los descendientes de este valiente fueron después pres y lustre de la ciudad de Santiago de Cali.

La refriega fue tan reñida que el campo quedo cubierto de muertos y malheridos, unos lograron huir, otros esperaban hasta ver algún amigo del ejercito de Pizarro que les quisiera conservar la vida, otros eran rematados a sangre fría y los indios robaban a todos sus armas y vestidos, dejando desnudos los cadáveres.

También el virrey había caído en una embestida en que rompió su lanza con valor, quedando aturdido en tierra, el licenciado Francisco de Carvajal del ejercito pizarrista le lleno de insultos e injurias, con ademán de apearse para cortarle la cabeza, pero por indicación del Maese de Campo Pedro de Puelles, hizo que se la cortase un negro, su esclavo, su cuerpo fue ignominiosamente despojado y su cabeza paseada en medio de burlas, fue puesta en una picota.

De los hermanos de santa Teresa solo Antonio de Ahumada había caído gloriosamente en el combate luchando como un valiente. Tenia hendida la cabeza con una herida mortal. Así le hallaron dos clérigos que asistían a los moribundos, estos le recogieron caritativamente, ataron un paño a su cabeza y mandaron que fuera atendido, pero a consecuencia de las heridas murió dos días después, 20 de enero en la ciudad de Quito.

El Capitán Sebastián de Belalcázar cayó herido también y los pizarristas Gómez de Alvarado y Diego de Mora, antiguos amigos del adelantado le salvaron, curaron y pidieron indulgencia ante Gonzalo Pizarro quien accedió a que volviera sin menoscabo a su gobernación.

Jerónimo y Lorenzo muy mal heridos también, a duras penas lograron evadir el cerco de Pizarro y llegar ilesos a San Juan de Pasto, los testigos son claros en decir " Que salieron Malparados, heridos y desbaratados como todos" y que se libraron como algunos de sus compañeros que " A ruego de buenos les perdonaron la vida y les desterraron del reino".

El cronista dice que " Luego muy presto, se despacharon con celeridad correos al condado de Flandes, donde Su Magestad estaba y a fines de febrero de aquel mismo año, 1.546, el emperador envió despacho a Dº Pedro de la Gasca,  para que con mucha priesa se llegase al Perú y se hiciese cargo de los poderes reales." Agustín, el último de los hermanos de Teresa que aun estaba en Ávila se alistó en aquella expedición. Salieron de San Lucar de Barrameda el 24 de mayo y arribaron a Santa Martha el 15 de julio donde recibieron los pormenores de la derrota de Añaquito.

Las noticias volaron con rapidez hasta España, adonde llegaron probablemente hacia fines de septiembre. Las primeras informaciones eran aterradoras, se creía que todos los leales sin ecepción, habían perecido en la batalla. En realidad habían muerto unos cincuenta en el combate y unos setenta después en la barbarie de la venganza, pero la noticia prematura redactada en términos hiperbólicos había llenado de angustia a los familiares. Allá fueron oraciones y promesas, las lágrimas de Teresa se juntarían con las de Juana, prometiendo a Dios y a la Virgen por la suerte de sus hermanos.

Por la carta de Agustín a su llegada conocerían la suerte de cada uno de ellos, más no podrían salir de su angustia hasta conocer el desenlace final.

La situación de los leales era en verdad desesperada, más el presidente La Gasca, uno de los varones más prudentes del reino, supo con diplomacia consumada adueñarse de todos los resortes del poder, hasta dejar aislado al cabecilla de la rebelión.

Los tres hermanos, Hernando, Lorenzo y Jerónimo se habían retirado, como decíamos, a la ciudad de Pasto. Allí los encontramos en el mes de julio de 1.547, siendo Hernando regidor de la villa.

"Lorenzo de Cepeda salió aderezado de armas e caballos e con él su hermano Jerónimo de Cepeda, e vino en demanda del dicho presidente La Gasca, e le halló y alcanzó en Jauja donde le dio obediencia e así mesmo le dio el sello real que havía tenido oculto e guardado todo el tiempo que havia andado desterrado, huido e perseguido de los dichos tiranos, e le dio y entrego al dicho presidente, de que recebió gran contento e se lo tuvo en mucho"

Allí se encontraron los Cepeda con su hermano Agustín de Ahumada y los tres siguieron a La Gasca.

Por fin el día 9 de abril de 1.548 el ejercito del presidente,  acampado en el valle de Jaquijaguana, dio la batalla definitiva contra los rebeldes, entre sus generales se contaban Sebastián de Belalcázar, Pedro de Hinojosa, Alonso de Alvarado, Pedro de Valdivia, Gabriel de Rojas y Hernán de Vanegas.

La mayor parte de los rebeldes abandonaron cobardemente a su líder y se pasaron a las filas del rey, La Gasca cortó la cabeza del rebelde Gonzalo Pizarro. Sus lugartenientes, Francisco de Carvajal y Juan de Acosta fueron ahorcados.

Entre los vencedores habían peleado animosamente, " como buenos soldados e servidores de Su Majestad", los tres hermanos Lorenzo, Jerónimo y Agustín.

Después de aquel acontecimiento, todos los hermanos escribirían a Teresa con las alegres noticias de la victoria, la carta llegó hacia fines de junio del mismo año de 1.548.

Hernando se quedó definitivamente en América avecindado en Pasto, los sobrevivientes Lorenzo, Pedro y Agustín regresaron a España, Jerónimo murió en Panamá el 8 de mayo de 1.575 cuando se disponía a regresar a la península. El primo de la santa D. Hernando de Cepeda se avecindó también en Pasto y Popayán y dejo mucha descendencia de su hija doña Isabel de Cepeda y Belalcázar.

Teresa de Jesús murió en santidad en 1582, fue beatificada en 1.614 y canonizada en 1.622, su fiesta es el 15 de octubre, la Doctora de la Iglesia como se la conoce, trajo por sus hermanos su beatífica sangre a América y son muchas las familias de las ciudades de Pasto Popayán y Cali que sin saberlo llevan la ilustre sabia de los parientes de la Santa de Ávila.

Oscar Tobar Gómez

Bibliografía.

Teresa de Jesús. Obras Completas. Fray. Efrén de la madre de Dios. Fray. Otilio del Niño Jesús. Libro de la Vida. Teresa de Jesús. Fastos Payaneses. Arcesio Aragón. Genealogías. Guillermo D. Gómez Guzmán. Historia universal. Novísimo Estudio de la Humanidad. Tomo VI. América. Luis Ulloa Cisneros.