UN HOSPITAL PARA LA VILLA DE POPAYAN

 

Ha propósito de la crisis financiera por la que atraviesa nuestro centro hospitalario, el más importante del sur occidente del país, el que a pesar de todos sus problemas administrativos, ha sido siempre y seguirá siendo, el centro asistencial por excelencia para nuestra ciudad y puesto que por multitud de razones, cada uno de los payaneses estamos relacionados con el mismo, con su historia, hemos creído pertinente dar a conocer a nuestros lectores, el devenir histórico de este centro hospitalario, muy especialmente la formación del mismo en la población desde sus orígenes. A mediados del siglo XVI había sido fundada aquí en América, en Guatemala, la benéfica institución de los Hermanos Betlemitas, destinada especialmente al cuidado de los hospitales, de la cual fue iniciador el padre San José de Betancourt, de origen canario y siendo su organizador el padre Fray Rodrigo de la Cruz, descendiente de los Duques de Alba y Condes de Betances,quien le dió estatutos aprobados por la Santa Sede.

El 22 de diciembre de 1.711, algunos religiosos de esta congregación, de paso por Popayán, procedentes de San Francisco de Quito, conociendo la intención de los habitantes de la villa de organizar un hospital, ofrecieron al Ayuntamiento hacerse cargo de él para instituirlo según sus reglas, a lo cual se accedió.

Para reunir los dineros necesarios se dispuso hacer una colecta entre todos los habitantes de la ciudad, empezando por los miembros del Cabildo, así : Don Jacinto de Mosquera y Figueroa, Maestre de Campo, ofreció 2.000 patacones, el Regidor Perpetuo y Sargento Mayor, Don Martín Prieto de Tobar, 500 patacones, el Alcalde Ordinario Don Diego de Victoria y Salazar, 100 patacones, el Regidor Don Alonso Javier Daza Ladron de Guevara, 50 patacones sobre el rédito de sus propiedades a perpetuidad, el Regidor Don Gonzalo de Arboleda y Salazar  otro tanto, Don Cristóbal Botín, lo que se requiriese y así sucesivamente. El 12 de junio de 1.713 en sesión del Cabildo se acordaron las bases de la fundación dedicando la obra al Patriarca San José y siendo su segundo patrono sin perjuicio del Real Patronato el señor Alférez Real, Teniente de Gobernador y Justicia Mayor Jacinto, de Mosquera, quien donaba además el lote para la construcción de la obra. Tal hospital debía ser general para " que a él concurriese y se curase a todo doliente que a él llegare o que enfermedad padeciese, sin repeler a ninguno y que la institución fuese regentada por los religiosos Betlemitas sin contradicción ninguna ". En cumplimiento de este convenio llegaron de Quito siete religiosos a hacerse cargo del hospital, y para su sostenimiento, se fundo una capellanía de 13.300 patacones, donada por el maestre Mosquera y Figueroa y el Regidor y Sargento Mayor Prieto de Tobar.

Durante muchos años el establecimiento estuvo prestando sus servicios con excelentes cirujanos, médicos y farmacia que se denomino "la botica del San José".   En 1.781 Doña Juana de Mosquera y Prieto de Tobar, nieta de los primeros benefactores, cedió al hospital algunos terrenos colindantes para el establecimiento de un hospicio para mujeres indigentes ampliando sus servicios. El edificio del hospital original quedo casi en ruinas por causa del terremoto de 1.827. Esto,  unido a la pérdida de las rentas del establecimiento, determinó que los pocos religiosos que habían quedado para su gobierno se ausentaran y finalmente renunciaran a su administración, entonces debió tomarla el cabildo, formando para ello una Junta Administradora, compuesta por el director, algunos miembros del Cabildo, un médico, un miembro de una comunidad religiosa, y un seglar nombrado en representación del gobierno eclesiástico de la ciudad. Tal Junta Administradora existe desde 1.827, hasta nuestros días.

El hospital cambió de sede posteriormente. Estuvo regentado por las hermanas de la caridad de la Fundación de San Vicente de Paúl, quienes fueron las representantes de la última comunidad religiosa que marchó al frente de sus destinos. Hoy la comunidad entera de nuestra ciudad, se enfrenta a la responsabilidad histórica de perder su centro de asistencia médica y con él, una herencia que durante muchísimos años conservaron nuestros mayores, conscientes de su importancia y trascendencia. Es pues, no solamente un asunto de responsabilidad, sino de HONOR Y DIGNIDAD, recuperar nuestro hospital San José, deponiendo odios y rencillas políticas y personales, trabajando unidos por la conservación de esa herencia que dejaran nuestros padres para nosotros y para las generaciones que de nosotros procedan.

 

Oscar Tobar Gómez

Popayán, 10 de Diciembre de 1.999

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