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LA REINA DEL CALLEJÓN

LA ADOLESCENCIA DE UN HOMBRE SINGULAR

Por. OSCAR TOBAR GÓMEZ, M. D.

 

- Ptirius Pubis.

- Cómo?

- Ptirius Pubis.

- Y eso, qué es?

- Ñatos.

- Y donde viven!

- En el pubis de las vagamundas.

- Quien dijo?

- Papá.

- Mentiroso!

- El también ha tenido.

- Nó es cierto!

- Pregúntale. Cualquier popayanejo respetable ha tenido niguas y ñatos.

- Cochino!

El niño rubio miro entre incrédulo y sorprendido a su hermano adolescente, quien observaba como los artrópodos patinaban en la caja de vaselina alcanforada.

Roberto Lehmann se irguió, alto, aparentaba unos 15 a 16 años, rubio, blanco, igual que su hermano, nariz aquilina, apenas le empezaba a despuntar el bozo, tomo un mechero de alcohol, lo encendió y puso en la parrilla la caja con los bichitos, el mentol empezó de inmediato a hervir y desprendió un penetrante olor mientras los Ptirius Pubis se achicharraban y estallaban como pequeños fulminantes.

Fabricio Lehmann corrió al corredor de la casa del barrio de la Pamba gritando.

Mamá, Roberto tiene ñatos del pubis de las vagamundas!

Doña Leonor Gonzáles de Lehmann, una distinguida dama Bumanguesa, penetro en la habitación preguntando muy seria.

- Eso es cierto Roberto?

- No mamá, mentiras de Fabricio.

- Hummm! Igualito al taita, mujeriego y mentiroso. No vaya a ser cosa!

La señora de la casa recogió dos libros empastados en cuero de becerro y salió de la estancia mirando severamente al adolescente quien le sostuvo la mirada aparentando la mayor inocencia.

Era el año de 1.944, la guerra con Alemania estaba llegando a su final.

Hacia 1.876 procedente de ese país, había llegado a la Gobernación de Popayán el científico y botánico Friedich Karl Lehmann Golsmith nacido en Platkow, provincia de Brandenburg en 1.850. Enviado por su gobierno para estudiar la diversidad de la flora del Nuevo Continente, había recorrido toda América antes de llegar a Popayán.

En esta ciudad conoció a Doña María Josefa de Mosquera y Epalza, nieta del General Tomas Cipriano de Mosquera y contrajo matrimonio con la linajuda dama. Posteriormente el Gobierno del Káiser Guillermo II lo nombro Cónsul de Alemania en Popayán.

De la unión del científico - Cónsul alemán y la nieta del Gran General nació Don Carlos Lehmann Mosquera quien caso con Doña. Leonor Gonzáles López de conocida estirpe Bumanguesa, que fueron los padres de Federico Roberto Lehmann González.

La familia de los Lehmann poseía la hacienda de La Capilla donde se habían criado todos sus hijos en medio de la rigurosa disciplina de Don Carlos y el distinguido trato de Doña Leonor. Todos los hijos habían nacido en Popayán en la casa de la Pamba donde trascurrió la infancia y adolescencia de los Lehmann González.

Roberto el segundo de los hijos cursaba para entonces el 3º grado de bachillerato y su hermano Fabricio el 3º de primaria, en el colegio Champagnat, situado en la zona céntrica de la ciudad aledaño al puente del humilladero y la Casa Valencia, en esta institución se educaban por aquella época los hijos de los notables payaneses.

 

Don Carlos, un próspero hombre de negocios y experto banquero, había adquirido un vehículo Ford 28, que Roberto con la precocidad propia de su juventud, manejaba desde los doce años de edad, era así el único estudiante del Champagnat que llegaba al colegio en carro particular gozando de especial popularidad por este hecho y por su personalidad abierta y extrovertida que le granjeaba la amistad de todos.

El vehículo era utilizado especialmente por un grupo selecto de estudiantes entre los que se contaban:

Felipe Valencia,

Marlio Vejarano,

Martín Ramírez,

Avelino Paz,

Edgar Ávila Ordóñez,

Napoleón Montealegre, y

Rodrigo Caldas.

Todos incondicionales de Roberto, especialmente Felipe Valencia, hijo del futuro Presidente de la Republica Guillermo León Valencia quien sentía por el joven Lhemann un afecto entrañable.

Roberto gustaba de llevar a sus amigos a sus respectivas casas al terminar la jornada estudiantil y aprovechaban para admirar las jovencitas que salían de los colegios a la misma hora, entre las cuales estaban muchas de la novias de los adolescentes.

Aquel día, viernes a las 4 de la tarde, el joven atravesó el puente del humilladero con su vehículo y entró en la calle del Callejón del barrio Bolívar en medio de la algarabía de sus amigos que gritaban y hablaban todos a un tiempo, ante la perspectiva de poder tomarse unos aguardientes y hacer una rápida visita a algunas amigas poco remilgadas que habían conocido recientemente en esa zona de la ciudad.

De pronto el Ford 28 frenó bruscamente, los ojos de Roberto estaban clavados en una hermosa mestiza que parada frente a la puerta de una casa parecía salida de un cuento de hadas, bella, de pómulos altos, piel canela, todo su cuerpo era curvas, piernas torneadas, lustroso y largo cabello negro, ojos inmensos y un aire de inconfundible majestad.

El cigarrillo Lucky Strike cayó de los labios del jovencito quien quedó boquiabierto ante la aparición de la Bella del Callejón, sus amigos igual que él, sorprendidos, se abalanzaban unos sobre otros para poder mirarla mejor.

Avelino Paz exclamo - Virgen de los Dolores!

 

Dos días después la joven era novia de Roberto.

 

Desde entonces, cada tarde, "La Reina del Callejón" como terminaron por llamar a Cecilia que así se llamaba la bella, esperaba a la salida del colegio al muchacho para darse tono, paseando a bordo del Ford 28, por la coloniales calles de la villa, algunas veces acompañados por la estridente turba de amigos de siempre, otras los dos, solos, muy cerca el uno del otro.

No sabemos cuando de los besos adolescentes pasaron los jóvenes al ardiente amor en que se consumían, era necesario verse dos veces por día, y las sombras de la noche fueron testigo de los más apasionados encuentros furtivos.

Sin embargo era una amor imposible, dada la distancia social de los jóvenes amantes, ella, una linda pero humilde hija del pueblo, él, vástago de las más linajudas familias de la comarca, más aún en una época en que las consideraciones democráticas apenas si llegaban a establecer pactos políticos, más nunca, pactos románticos.

El tiempo pasaba entre escarceos amorosos, visitas ocasionales con toda la banda a las damiselas de la calle 12º, noches de baile en el Tibiri- Tabara y en el Bola Roja, recepciones en el club Popayán, exámenes del colegio, las vacaciones familiares en La Capilla y las infaltables cacerías a lo caliente, al valle del Patía o a las frías colinas de Paletará.

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Posadita llego al Champagnat con una aureola de niño rico, hijo de padres pudientes, familia bien y " marca " conocida. Venia de Santiago de Cali y lo primero que hizo fue tratar de codearse con la crema de la juventud payanesa, era rumbero, orgulloso, y tenia fama de dadivoso y fanfarrón.

Cuando conoció a Roberto supo que sería su Némesis, este tenía todo lo necesario para ser el líder, vehículo, novia bonita, personalidad y linaje, así que Posadita no lo pensó dos veces, a las tres semanas llegaba de Cali un Buick cuatro puertas, larguísimo, y en un dos por tres estuvo cuadrado al lado del Ford 28 de su nuevo amigo. Seguía la novia.

Pero este era otro cuento, Cecilia adoraba a su " Robert " a quien miraba como el hombre de su vida, sin embargo el joven Lehmann tenía otro pensamiento al respecto, sabía que nunca podría tener nada concreto con la Bella del Callejón y se propuso " casar bien a su Reina".

Con la sutileza propia de un hábil diplomático, empezó a ponderar las prendas económicas de Posadita en alguna que otra conversación con su amada, mencionando de paso que la mujer que contrajera con el jovencito, quedaba " bien colocada y sin problemas económicos". La Reina del Callejón que no era ninguna boba, le soltó iracunda y de una sola vez, todas sus inquietudes.

- Es que piensas dejarme?

- Yo jamás te dejare, pero comprende que esta es una oportunidad que no se puede despreciar y se presenta solo una vez en la vida. - dijo Roberto poniendo cara de ofendido.

- Es que no me quieres? - terció Cecilia

- Precisamente por que te quiero es que deseo lo mejor para tí.-sentenció Roberto.

- Pues no parece.- dijo la Bella haciendo un mohín de furia reprimida.

 

Y así siguió la interminable discusión durante varios días, hasta que la Reina fue comprendiendo la profunda verdad en las palabras de su amante.

Posadita que ya estaba loco por la Bella del Callejón, notó que la Reina le sonría coquetamente, estuvo a punto de perder del todo la razón, le parecía imposible que él le estuviera quitando la novia a Roberto Lehmann, los amigos que estaban muy bien informados de las intenciones de la pareja estimulaban a Posadita, quien de loco se convirtió en un total demente.

Llovían los regalos y atenciones sobre la Reina, desde los vestidos más finos hasta los más costosos aderezos y Posadita enloquecía cada día más, mientras la Bella moría de amor por su Roberto.

Posadita pidió solemnemente la entrada a los padres de la Reina que se inclinaron ante el nuevo sol que alumbraba su casa, aunque hubieran preferido de mil amores al noble yerno de marras. En el alambique de la casa de la Bella del Callejón se celebraron las mejores parrandas entre tragos de aguardiente y mistela, guitarras, y los chascarrillos y calambures de la patota de la pamba con el Lehmann al frente y el caleño como anfitrión y novio de la Bella, gastador y rumboso.

Ya a altas horas de la noche ebrios y felices, en medio de bambucos y pasillos, los jóvenes, recitaban los epigramas de Daniel Gil Lemos, mirando a la Bella y a su rico y embobado novio.

SI UNA CHICA ENAMORADA

VICTIMA DE SU PASIÓN

ME PIDE LE DE POSADA

NO SOLO LE DOY POSADA

SINO POSADA Y .............TOBÓN!

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Llegado el verano del 46, el Hermano Marcelo José, Rector del Colegio Champagnat, convoco a los alumnos para el paseo anual, esta vez al sitio de Riohondo cerca del Municipio de El Tambo, los 150 alumnos recorrerían a caballo la distancia entre Popayán y el sitio designado, los caballos fueron contratados y se fijó la fecha y hora de salida. Roberto Lehmann trajo de La Capilla doce caballos bien aperados para sus mejores amigos, entre ellos iría Posadita como invitado del joven estudiante.

El hermano Valencio apodado "Coco Feo" muy conocido por sus extrañas apetencias sexuales, era el director de grupo del curso de Roberto y sus amigos, sus exabruptos y el maltrato ocasional del que hacia objeto a sus alumnos, hacían del hermano un personaje nada popular entre sus discípulos.

El día y hora precisos los estudiantes se congregaron frente al colegio, el entusiasmo era contagioso y todo era actividad en torno a las bestias que llevarían a los estudiantes hasta el río, cada quien llevaba su "fiambre" en morrales y la consabida Cola de bolita Postobón, los mayores su caneca de aguardiente bien camuflada y los eternos Lucky Strike.

Martín Ramírez se acerco a Marlio Vejarano y preguntó.

- Los tienes?

- Sí. - Contesto el joven.

- Cuántos ?

- Suficientes, míralos. - En la palma de la mano del estudiante apareció una pequeña caja de plástico repleta de Ptirius Pubis.

- ¡Que bruto¡. Y si se enferma?

- Roberto dice que nadie se muere de eso.

- Donde será ¿

- En el río.

 

A la orden de " en marcha " todos los estudiantes montaron y el grupo se dirigió a su destino distante una hora bien andada desde Popayán, todo era risas y regocijo.

Llegados al rió se colocaron las prendas para el baño y se generalizo el juego en las frías aguas del embalse entre gritos y zambullidas.

" Coco Feo " deposito sus ropas entre las piedras cercanas a algunos arbustos, entre los cuales, vigilantes, esperaban los miembros de la banda de la Pamba, el momento propicio para su fechoría.

Rodrigo Caldas, Marlio Vejarano y Avelino Paz, se acercaron sigilosamente a las ropas del religioso y cuidadosamente las desenvolvieron buscando los interiores.

Rodrigo dijo - tiene más pecueca que Avelino!

Avelino le soltó un sonoro coscorrón.

Colocaron los Piojos-Ñatos en el interior de la prenda la cual se notaba sucia y gastada, evidentemente el hermano Valencio no era muy dado a cambiarse a menudo, y corrieron a contar a sus amigos el fin de la faena.

Hecho. - Dijo Marlio.

Los demás sonrieron nerviosos y se dispusieron a disfrutar del paseo y esperar el resultado de su travesura.

A las 3 y 30 de la tarde se dio la órden de salir del agua y emprender el regreso, toda la banda marchaba detrás de la bestia que montaba " Coco Feo", atentos a sus más mínimas reacciones. Algunos venían "copetones" por los tragos de sus respectivas canecas. El religioso pegó el primer barquinazo en las goteras de Popayán, disimuladamente se rasco la pelvis por encima de la larga sotana mirando furtivamente a su alrededor, después sin reparos se alzo el habito y se rasco desesperadamente la pelvis y el abdomen, sin importarle si lo miraban o no, los estudiantes se descosían de la risa, finalmente se bajo del caballo y corrió a esconderse entre unos árboles para auxiliarse. Aquellos que desconocían el entuerto comentaban que tenia daño de estomago, los amigos de Roberto se escapaban de caer de las bestias por el ataque de risa, dándose por entre los caballos puñetazos y pescozones

Llegados a Popayán el hermano valencio no espero la despedida, sino que salió disparado como alma que lleva el diablo, hacia el interior del colegio y su habitación.

Dos días después se supo que el conocido medico Dr. Coronel le había formulado Polvos Rojos de Calomel, pues tenia ñatos hasta en las cejas.

 

Nosotros cerramos el libro de la piedad.

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Posadita ya entrado en gastos y con medio estoque adentro por el amor de la Bella, decidió clavarse todo el acero y pidió la mano de la Bella un Jueves a las 4 de la tarde. Una hora más tarde un indiecito de la casa de Cecilia recorría toda la villa buscando desesperado a Roberto, finalmente lo encontró en casa de Felipe Valencia, admirando un hermoso telescopio que le habían enviado al padre del joven desde Londres.

- Qué pasó? - Dijo Lehmann.

- Que la niña Cecilia le manda a decir que vaya, que es urgente! -

Respondió el niño.

- Bien, dile que me espere.- Contestó Roberto y siguió examinando el

fino instrumento.

 

Una hora más tarde estacionaba el Ford 28 en frente de la casa del Callejón.

La Bella salió corriendo de la casa y le susurro al oído a Roberto mientras lo tomaba de la mano y lo metía en la sala..

- Ahora si que estoy fregada, Posadita pidió mi mano!

- Maravilloso- respondió tranquilamente Roberto.

- Cómo que maravilloso ? Y cuando se de cuenta, yo que hago ?

- Cálmate que ya pensaremos algo. Por ahora ve organizando tu boda y ni una palabra de tu pureza, de acuerdo ? - Consultó el joven.

- Tu eres un desconsiderado y ahora me doy cuenta que nunca me has querido! - Grito la Reina.

- Como que no te quiero, no ves que te estoy dando marido rico, ¿ que más quieres?

- No te burles, que este problema es en serio!

- Tan en serio que, de que te caso, te caso, y te caso bien! - Dijo finalmente Roberto y salió de la estancia con paso recio.

 

Las siguientes semanas fueron de una fatigosa actividad para los jovenes, se realizaron varias despedidas de soltero que se iniciaron donde las niñas de la Calle 12º, luego continuaron con grandes francachelas en el Bola Roja, después serenatas a la novia, más visitas a las damiselas de la calle 12º y finalmente la acostumbrada amanecida en el parque de Caldas.

Posadita tenía grandes ojeras por el trasnocho, pero era un ciudadano feliz y abrazaba con entusiasmo a todo el mundo, especialmente al amigo que antaño y ogaño abrazara a la novia con mayor entusiasmo.

 

Roberto concretó finalmente a su Reina y le expuso:

- Bueno. Deberás hacer cuanto te diga al pie de la letra.- De principio a fin - Dijo el joven.

- Primero que todo, el día de la boda deberá coincidir con el último de tu menstruación.

La Bella soltó una interjección bastante gruesa para la época, y murmuró mirando para todo lado.

- Dios mío!Y eso para que?

- Ya tú sabes, en nuestra cultura la consumación del matrimonio lo comprueban las suegras con las llamadas " Flores Rojas".

- Dios me ampare! Tu eres terrible! - Sollozaba la Reina.

- Pero además en el momento crucial, deberás lanzar un grito seco.- Dijo Roberto esbozando una sonrisita de picardía.

- Virgen santísima! Un grito seco? Cómo! Haaaggg.?

- No, seco.- Ha!

- Y eso por qué?

- Pues porque se supone que eso duele, boba! No te acuerdas?

- ¡Pero lo más importante es que aprietes con todas tus fuerzas!

 

 

Fue suficiente, la Bella rompió en sollozos y penetró en la casa corriendo, era más de lo que la pobre muchacha podía soportar.

Roberto quedo en medio del corredor con la palabra en la boca diciendo.

- pero yo, que dije? Definitivamente las bonitas no saben nada del

amor!

Montó en su Ford 28 y desapareció al final del Callejón del Barrio Bolívar.

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 La boda debió ser rumbosa como todo lo de Posadita y se realizó en Santiago de Cali. La patota de la pamba asistió en masa, menos Roberto que decidió salir de cacería ese domingo, suponemos que algo de nostalgia debió sentir el joven por su antiguo amor, no en vano vivieron tres largos años de pasión desenfrenada, el último formando trío con Posadita, totalmente ignorante de la comedia que se urdía en su entorno.

 

No sabemos si la Bella Cecilia siguió al pie de la letra las instrucciones de su amante, ni tampoco si el destino los volvió a juntar alguna vez.

 

Tampoco se volvió a saber de la pareja.

 

Muchos años más tarde siendo ya Roberto un acaudalado estanciero y prospero industrial, además del mejor amigo y confidente del Primer Mandatario de la Republica, cuando se celebraba alguna recepción en palacio, las anécdotas payanesas del señor Lehmann a solicitud de su amigo el Presidente Valencia, eran el centro de todas las tertulias palaciegas. Pero ninguna tan celebrada como la de la Reina del Callejón.

 

Hace algunos meses, una noche, compartiendo con Roberto y su hermano Fabricio, unos tragos y amenísima charla en un conocido club de la ciudad, una linda y elegante dama se acerco a nuestra mesa para saludarnos, nos levantamos cortésmente para corresponderle y pronto se generalizo de nuevo el tema de conversación, la bella dama se interesó en conocer la edad de nuestro amigo y preguntó cual era con cierta timidez.

 

Roberto al escucharla, con una leve inclinación de cabeza, mirando profundamente a los ojos de la dama, respondió con las palabras del autor de " La historia de un alma".

 

-Mi querida señora, si he de contarla por la fe de bautismo, sesenta y ocho años; pero si vivir es amar, pensar, creer, orar, escribir, yo he vivido un siglo; y si he de calcularla poniéndome la mano sobre el corazón para sentir de lo que soy capaz y cuánta es mi fuerza de voluntad, apenas tengo veinte años.

FIN.

 


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